Miércoles 18 de enero de 2012
+ PAN:
que el arroz ya se coció
+ Josefina
y Wallace, ofensiva
A
Lulú, por otro año más de felicidad
Cuando se presentó
la realización de una encuesta previa a la elección interna del PAN y se
le dio el nombre de indicativa, la intención final en realidad no fue
la de colar a Ernesto Cordero en la punta de las tendencias sino encontrar una salida política a lo inevitable: Josefina Vázquez Mota ya ganó en las percepciones y
sería muy costoso salir con una elección en sentido contrario.
De ahí que la indicativa buscaba darle una salida de corto plazo a la competencia: Cordero podría
aparecer en segundo lugar y Creel en tercero y entonces la jugada política era la de hacer declinar a Cordero como segundo y dejar a Creel
en tercer sitio y ya sin ninguna posibilidad de conseguir la victoria.
Por eso fue que
Creel reventó el sentido de la encuesta indicativa como una forma
de impedir la maniobra política que lo dejara fuera, aunque de todos modos en
las tendencias de los votos de la interna panista nada tiene que hacer
frente a Vázquez Mota y su única intención es la de no perder el segundo
lugar para dejar al valido presidencial de Cordero en el sótano de las
preferencias.
La viabilidad de
Vázquez Mota como la precandidata adelantada en todas las encuestas tuvo
también otro elemento adicional que no ha querido entenderse: la afiliación del
ex secretario particular del presidente Calderón, Roberto Gil Zuarth, al equipo
de la panista no representó ninguna ruptura en el equipo presidencial
sino un mensaje que tampoco pudo ser leído con sentido político por
Ernesto Cordero.
Y por si fuera
poco, la nominación de Isabel Miranda de Wallace como precandidata única del
PAN a la jefatura de gobierno del DF también se localizó en ese juego de
signos y señales de la política de las sucesiones presidenciales: la condición
de mujer posicionó de golpe a la señora Wallace en el espacio de competitividad
electoral y le movió el tapete al proceso de dedazo de Marcelo
Ebrard a favor de su único precandidato Miguel Angel Mancera y de paso sacudió la modorra del PRI por el efecto Peña Nieto.
Aunque lo desdeñen en público, en el fondo el PRI y el PRD sí se preocuparon por la nominación de
la señora Wallace por su presencia altamente calificada entre la ciudadanía por
la lucha contra el crimen organizado que puso en riesgo su vida y la llevó a
sufrir un atentado criminal. Tan el PRD se inquietó, que en la encuesta
para nominar al precandidato preferido de Ebrard se incluyó a última hora quién
de los aspirantes perredistas le ganaría a Wallace y a Paredes. Con esa
pregunta el PRD dejó entrever su inseguridad en ganar las elecciones de
jefe de gobierno capitalino.
La
precandidatura asegurada de Wallace y la perfilada por las encuestas de Vázquez
Mota llevarían al PAN a dar una oferta inusual de dos mujeres
compitiendo por las dos posiciones electorales más importantes de la república.
Pero todo indica que no se trata de nominaciones impuestas sino de dos
mujeres que se ganaron las simpatías de los panistas. En todo caso le
corresponderá al PAN la realización de una campaña realmente competitiva
en propuestas, frente al discurso falso y mentiroso de López Obrador y
exageradamente mediático y vacío de Peña Nieto.
El PAN se
enfrenta a la posibilidad de capitalizar el efecto Wallace-Vázquez Mota
y adelantar la nominación presidencial con la declinación de Creel y Cordero o
llevar al partido al desgaste de una lucha interna sin sentido porque
los dos precandidatos carecen de viabilidad para ganar las elecciones y serían
nominaciones débiles frente a Peña Nieto y a López Obrador. Si bien es cierto
que Cordero era el preferido del presidente Calderón, nunca pudo posicionarse
como candidato fuerte; y Creel hizo un esfuerzo sobresaliente pero no pudo
rebasar a Vázquez Mota.
El factor género va a contar en las elecciones federales y capitalinas. La crisis
económica modificó sustancialmente la confirmación social en las familias: los
hombres fueron los más afectados por el desempleo y las mujeres asumieron la
doble condición de jefas de familia y trabajadoras que suplieron los
ingresos de sus maridos; esta nueva conformación sociológica de la familia ha
cambiado también las nociones del machismo y le ha dado a la mujer un papel más activo en la vida nacional.
A nivel
nacional, Peña Nieto representa el viejo PRI, el de las alianzas con
sectores que medraron con la república y el que perdió en el 2000; y López
Obrador simboliza el fundamentalismo populista por su discurso de pastor
protestante que ha demolido las propuestas históricas de la izquierda
mexicana. Frente a ellos, la candidatura panista de una mujer movería el
escenario electoral tradicionalista a uno audaz de relevo social y de género en
un país donde la mayoría son mujeres y donde las mujeres --en el PRI, sobre
todo-- ya no son Adelitas sino Juanitas que ganan posiciones y
luego renuncian para que suban los hombres. La posible candidatura de
Vázquez Mota y la candidatura de Wallace convertirían la cuota de género
en una conquista social casi del nivel del reconocimiento de derechos sociales,
políticos y electorales a las mujeres.
Al PAN le falta
la última aduana que pudiera ser la más conflictiva: reconocer las tendencias o imponer a quien va en tercer lugar y no darle salida al segundo; si el
PAN se divide por la nominación presidencial, sus posibilidades se verán
menguadas. El PRI se está fracturando peligrosamente por los compromisos de Peña Nieto con el lastre llamado Elba Esther Gordillo y candidaturas cedidas
y los acuerdos secretos con la alta jerarquía católica para disminuir el Estado laico y el PRD --como siempre-- no alcanza a ajustarse a los
estilos, modos y políticas de un López Obrador dando bandazos ideológicos y
convirtiendo al partido de la izquierda en una propuesta religioso-protestante
por cierto muy lejos de la doctrina social de la iglesia que nutrió al
PAN.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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