Jueves 19 de enero de 2012
+ Los
engaños de Ebrard al PRD
+ Elección
de Estado con Mancera
La parte importante
del incidente que llevó a la renuncia del secretario de Turismo del DF no
radicó en su cese por revelar por adelantado las encuestas para señalar
al precandidato capitalino, sino la encuerada que le dio a Marcelo
Ebrard como el operador del proceso para beneficiar al no-perredista ex procurador
Miguel Angel Mancera por encima de aspirantes perredistas.
Desde Madrid,
Alejandro Rojas Díaz Durán confesó cuando menos tres detalles de la parcialidad de Ebrard que en una situación democrática tendrían que llevar a la anulación del mecanismo de encuestas:
1.- Anunció el
resultado de las encuestas favorable a Mancera antes de haberse
terminado la consulta.
2.- Reveló que
Mancera es un candidato marcelista y por tanto le quitó a la
encuesta la máscara democrática.
3.- Adelantó en
este escenario que “un marcelista confiable y leal”, Mancera, “´será
el futuro jefe de gobierno del DF”.
De estas tres
pinceladas se derivan dos hechos:
1.- La
nominación de Mancera fue un dedazo al estilo priísta de Ebrard y
por tanto la encuesta fue nada menos que una pantomima a la que se
prestaron los perredistas y el PRD.
2.- Por la
filiación marcelista de Mancera, Marcelo Ebrard operará en las
elecciones capitalinas de julio una verdadera elección de Estrado,
también al viejo estilo priísta e igual a la del 2006 que encumbró a
Ebrard en el DF.
Lo que queda por
aclarar es el hecho de que el que está interviniendo en el proceso
electoral perredista fue el propio Ebrard y por tanto su regaño de que tendrá
que renunciar quien se meta se le debe aplicar a él mismo. Por la forma en
que manejó el mecanismo perredista Ebrard está dejando pistas de cómo
será la elección constitucional: una elección de Estado de Ebrard para poner como jefe de gobierno no al que gane en un proceso democrático sino a “un
marcelista confiable y leal”.
Las
declaraciones de Rojas Díaz Durán en Madrid dejaron la certeza del
intervencionismo de Ebrard no sólo en el proceso interno del PRD sino como el
anuncio de que operará el poder el GDF para imponer a un subordinado
leal. El problema no fue la declaración del hoy ex secretario de Turismo del DF
sino el hecho de que el propio hoy ex funcionario haya sido comisionado por el propio Ebrard para operar políticamente a favor de Mancera; por tanto,
la revelación de Rojas Díaz Durán fue solamente una confirmación del
intervencionismo directo de Ebrard en el proceso perredista.
El asunto del ex secretario de Turismo completa el cuadro de la parcialidad del actual jefe de
gobierno en el proceso electoral capitalino. El primero en delatar la
parcialidad de Ebrard en las elecciones del DF fue nada menos que López Obrador
cuando anunció que Ebrard había decidido abandonar la pelea por la candidatura
presidencial perredista a cambio de decidir la nominación en el DF; es
decir, que Ebrard impondría al candidato. La delación de Rojas Díaz
Durán sólo confirmó lo adelantado por López Obrador.
Si Ebrard usó el
cese de Rojas Díaz Durán como ejemplo para funcionarios que se metan en
el proceso electoral capitalino, entonces el jefe de gobierno debería ser el primero en separarse de su cargo porque no garantiza una competencia limpia y
democrática. Por lo pronto, la renuncia de Rojas Díaz Durán no borra el
sentido de la revelación: el jefe de gobierno del DF pondrá candidato y lo hará
ganar porque necesita un sucesor “confiable y leal”.
En todo caso, no son novedad en el PRD los estilos priístas de Ebrard de poner candidatos
sin cumplir con las reglas democráticas. Los perredistas Pablo Gómez y Arnaldo
Córdova criticaron duramente el pasado fin de semana precisamente la
forma en que la encuesta suplió el compromiso democrático del PRD. En
el 2006, en una competencia entre varios perredistas por la candidatura a jefe
de gobierno, el entonces candidato presidencial perredista López Obrador decidió la contienda con una entrevista en La Jornada con un dedazo declarativo: “creo que el candidato debe ser Marcelo”. La consigna del Caudillo
fue obedecida sin chistar y Ebrard --(ex) priísta y (ex) salinista-- fue
nominado por encima de Pablo Gómez y Jesús Ortega.
Así, el cese de
Rojas Díaz Durán no logró borrar las evidencias de lo que viene en la
elección capitalina de jefe de gobierno: una elección de Estado similar
precisamente a la que operó el jefe interino de gobierno en el 2006 Alejandro
Encinas para beneficiar al candidato Ebrard. Y Ebrard sí sabe de
elecciones de Estado porque como priísta le tocó aplastar sin piedad al
PRD en 1991 para regresarle el control de la ciudad de México al PRI de
Carlos Salinas de Gortari; el operativo fue tan contundente que el PRI
salinista operado por Ebrard logro el carro completo y el propio Ebrard
no pudo colarse como asambleísta.
Las revelaciones
del hoy ex secretario de Turismo del DF no se acallan con el cese sino
que exigirían una investigación oficial de las autoridades electorales. Por lo
pronto, Rojas Díaz Durán apestó las encuestas para decidir el candidato
más competitivo porque anunció el resultado antes de que terminaran de
procesarse los datos.
En todo caso, quedan las propias palabras de Ebrard: “les
pedí (a los funcionarios del GDF) que respetaran el proceso, que no
intervinieran, que nos mantuviéramos al margen; entonces por eso se le pidió
la renuncia el día de ayer” a Rojas Díaz Durán; así que “todos están avisados,
ya saben a qué le tiran, yo no voy a permitir que hagan otra cosa”. Rojas Díaz
Durán probó que Ebrard intervino en el proceso para poner a un
ebradista “confiable y leal”, por lo que Ebrard entonces debería solicitar
licencia porque no garantiza elecciones capitalinas libres.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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