Viernes 20 de enero de 2012
+ DF:
pierde PRD, gana Morena
+ Alianza
secreta AMLO-Ebrard
Detrás de la
jugada política de Marcelo Ebrard para imponer al intencionadamente no-perredista
Miguel Angel Mancera como candidato del PRD a la jefatura de gobierno se oculta
una estrategia política de Ebrard y López Obrador para quitarle al
perredismo el control de la estructura de poder del DF.
Pero la ausencia
de Alejandra Barrales de la conferencia de difusión de resultados podría reventar la maniobra AMLO-Ebrard y evitar el desplazamiento del PRD de la estructura de
poder del DF.
La disminución
del PRD en el DF se escondió detrás del pacto de López Obrador y Ebrard
en torno a la candidatura presidencial: Ebrard declinó a sus aspiraciones luego
de una rara y sospechosa encuesta y se quedó con el apoyo de López
Obrador para decidir al candidato del PRD al gobierno del DF. Sólo que la clave se localizó en la nominación casi segura, luego de tres encuestas igualmente sospechosas,
de un declaradamente no-perredista que, de ganar las elecciones, no tendrá compromiso con los perredistas para formar un gobierno; de ahí la
previsión de que los funcionarios de Mancera en el DF serán de… Morena.
A pesar de la
fuerza de López Obrador, un candidato de Morena para el DF no ganaría
las elecciones sin la alianza con el PRD; por eso López Obrador se alió a
Ebrard para construir una sucesión lógica de continuismo pero en la jugada
de los intereses de Morena de desplazar mal PRD del poder en el DF y quedarse
con todo el pastel vía Mancera, un incondicional de Ebrard y asesor de
López Obrador en el caso de El Encino.
Ebrard se afilió al PRD después de que López Obrador lo eligió por dedazo como candidato
del PRD en el 2006. A lo largo de su gestión capitalina, Ebrard mantuvo siempre
la distancia del PRD en el DF y aprovechó las divisiones internas entre
López Obrador y Los Chuchos. Así, la declinación del 2000 de Ebrard a
favor de López Obrador le sirvió para infiltrarse en el PRD y ascender a
la categoría de Caudillo y el DF se convertirá en su cacicazgo personal
porque jugó con las fracturas internas para enfrentar a las tribus,
debilitarlas y poner de candidato a Miguel Angel Mancera a través de una
encuesta de popularidad.
Como en política
no hay secretos ni derechos de autor, Ebrard se encargó de esculpir la
figura política de Mancera siguiendo el método de Carlos Salinas cuando se
encontró a Colosio en 1979 como modesto economista en la Secretaría de
Programación y Presupuesto y lo forjó hasta hacerlo candidato presidencial.
Ebrard recogió Mancera en el 2002 y desde entonces lo fue puliendo hasta
imponerlo como precandidato perredista sin pertenecer al PRD y sí
subordinado “confiable y fiel” a Ebrard, como lo reveló el hoy ex secretario de
Turismo del DF, Alejandro Rojas Díaz Durán.
La carrera de
Mancera como funcionario público es muy reciente: apenas en el 2000 como
asesor de la Asamblea de Representantes del DF; en el 2002 el entonces titular
de la SSP capitalina, Ebrard, lo rescató para hacerlo director de Investigaciones
y Procedimientos de la dependencia y lo hizo ascender hasta que el presidente
Fox corrió a Ebrard por incompetente aunque en realidad por
responsabilidad en el linchamiento de policías federales en Tláhuac. De todos
modos, Ebrard puso a su sucesor en el cargo, Joel Ortega, y dejó a
Mancera como asesor del nuevo titular.
En el 2005,
Ebrard se encaminó hacia la candidatura perredista a jefe de gobierno por obra
y gracia del dedo de oro de López Obrador y utilizó el cargo de secretario
de Desarrollo Social para asegurar la nominación; ahí, en el 2005, Ebrard
nombró a Mancera como director jurídico de la dependencia aunque luego saltó
como consejero de la judicatura del DF, igual con el apoyo de Ebrard. En
el 2006 pasó con Ebrard ya en la jefatura de gobierno como subprocurador de
Procesos de la Procuraduría capitalina.
En el 2008,
cuando Ebrard soltó lastre político para desembarazarse de las
salpicaduras por los adolescentes muertos en el incendio de la disco New´s
Divine y despidió a su secretario de Seguridad Pública y a su procurador,
Joel Ortega y Rodolfo Félix Cárdenas, Mancera ascendió a procurador capitalino
por decisión de Ebrard y se quedó como carta oculta mientras Ebrard
trataba de consolidar inútilmente la precandidatura de Mario Delgado, otro
externo perredista. Lo único claro en la estrategia de Ebrard para la
nominación del candidato perredista era que no debía ser perredista; por
eso sus cartas fueron siempre Delgado y Mancera y nunca un perredista;
ahí fue donde Ebrard logró el beneplácito de López Obrador para intercambiar el DF a cambio de la declinación de Ebrard a la inalcanzable candidatura
presidencial.
La crisis de
representatividad de los perredistas en el PRD fue producto de un acuerdo secreto entre Ebrard y López Obrador, además de que el tabasqueño fue auxiliado por
Mancera en el caso de El Encino. Sin embargo, López Obrador tuvo siempre claro
que Ebrard iba a nominar como candidato perredista a un no-perredista y con
ello López Obrador también contribuirá a la debacle del PRD en el DF
sobre todo por la expectativa de que Morena sea un partido político después de las elecciones y el PRD se quede desfondado y como cascarón abierto; al
final del día, Ebrard es ya secretario designado de Gobernación del
gabinete presidencial de López Obrador… que aún no gana las elecciones,
pero ya enfilado hacia las presidenciales del 2018.
En esta jugada
política se encuentra la explicación de por qué López Obrador, como los
caciques priístas del pasado revolucionario, cedió la plaza a Ebrard pero en la
lógica de evitar que la ciudad de México se quede en manos de los
perredistas controlados por Los Chuchos. Al impedir que el PRD tuviera
candidato capitalino y someter al PRD a las directrices de Morena, López
Obrador y Ebrard quieren convertir al PRD en la alianza DIA en una especie de
Partido Verde o Panal.
La lucha que viene en el DF es entre AMLO-Ebrard y Barrales-PRD.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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