Miércoles 25 de enero de 2012
+ Farsa
de la república amorosa
+ Neopopulismo
fundamentalista
Si el principal problema no es la corrupción sino la desigualdad social y la marginación
económica, entonces el país requiere de un nuevo modelo de desarrollo y no de un pastor fundamentalista.
Y si alguna prueba faltaba para comprobar que el PRD no es de izquierda y que Andrés Manuel López
Obrador tampoco lo es, las evidencias se encuentran en la sustitución de
las ideas políticas y económicas por un catecismo de pastor protestante
de misa estadunidense dominical por televisión, con sus corifeos sacados
paradójicamente de la comunidad científica que en su momento pugnó por el
socialismo científico.
El concepto de
izquierda fue pervertido por Norberto Bobbio cuando le quitó el
detonador socialista y lo redujo a programas asistencialistas a favor de los
pobres como desventurados sociales y no como clases explotadas.
Luego el viejo sector progresista --que no socialista-- del PRI llevó el
concepto a programas asistencialistas pero reducidos a subsidios regalados que no modifican la estructura productiva de apropiación privada de la riqueza
social producida.
De ahí que la
república amorosa de López Obrador sea una tomadura de pelo a la
izquierda socialista y una coartada a los priístas neopopulistas para
salirse del salinizado PRI neoliberal. Pero de ahí a darle categoría científica
existe un abismo de ideas que nadie se atreve a refutarle al flautista
de Hamelín de López Obrador por el miedo a perder algún lugar en el gabinete
presidencial --el legítimo y el real--.
La república
amorosa es la doctrina --en términos religiosos-- política e ideológica del fascismo:
la dictadura del gran capital impuesta por la vía de la represión pero también
de las ideas fundamentalistas. Para empezar, la república amorosa ofrece una reconciliación de clases pero sin atender al modelo ideológico de la izquierda real,
histórica: el de la lucha de clases. Al margen de ser o no mecanismo de lucha,
Marx y Engels descubrieron y resumieron la esencia del sistema
productivo: los motores de la historia eran la explotación y la lucha de
clases. La aplicación del término ayuda a entender la esencia de lo que
la izquierda quiere transformar: la inflación es producto de la lucha de
clases, la trabajadora peleando por salarios y la propietaria disputando las
utilidades.
La república
amorosa es una reconstrucción del tripartismo aplicado por Luis Echeverría
con las reuniones entre empresarios, trabajadores y gobierno para tomar
decisiones en función de los intereses de la estabilidad macroeconómica,
no de la justicia social. La república amorosa también instala de nueva
cuenta al Estado como el eje de la toma de decisiones, pero sin cambiar
la naturaleza del Estado al servicio de los intereses productivos del capital
privado.
La república
amorosa se convierte, por razón lógica, en un consuelo; si hay amor
debería existir también conformismo; por tanto, la república amorosa desactiva la lucha de clases como disputa por la riqueza; y como el Estado reproduce los
intereses de la clase dominante, entonces --como se ha visto en las diferentes
versiones del Estado: PRI, PAN, PRD-- el Estado tiende a beneficiar a la clase
empresarial y con ello convertir la acumulación privada en el objetivo
central.
La verdadera
izquierda mexicana pensaba diferente. Los hoy autodenominados representantes de la izquierda son más priístas y panistas en sus fundamentaciones ideológicas
que seguidores de la doctrina del socialismo de Marx. Los tres descubrimientos
científicos de Marx definieron a la izquierda: la plusvalía, la
acumulación y la lucha de clases. Hoy la “izquierda” lopezobradorista es
amorosa: haz el amor y no la lucha de clases.
Por tanto, la
república amorosa es una versión moderna de la derecha ideológica que
beneficia la apropiación privada de la riqueza social, una especie de panismo
hippie, y su promotor, López Obrador, elabora un discurso religioso de
aceptación de la explotación económica y social; como fundados de la izquierda,
Marx estableció la lucha de clases para cambiar el mundo --Tesis sobre Feuerbach que niega la izquierda socialista hoy amorosamente transformada en acólita
del conformismo de clase-- y definió justamente la lucha como la única
forma de disputar la riqueza producida.
Por eso la ex izquierda socialista que le dio esencia al PRD debería releer a los
ensayistas de izquierda. En 1958, el ensayista marxista y escritor José
Revueltas --en México: una democracia bárbara-- hizo un esfuerzo
dialéctico para romper con la enajenación ideológica del PRI y estableció una
de la tesis centrales de la lucha política y electoral que debería
seguir la izquierda: “la única clase que pudiera hacerle concurrencia
política al gobierno priísta y a su burguesía aliada era la que pudiera
hacerle concurrencia económica”.
La tesis de
Revueltas --sistema productivo y no espacios políticos-- es la esencia del pensamiento transformador de izquierda; en este contexto, la república
amorosa de López Obrador se centra en la concurrencia política; peor aún, el
tabasqueño no establece la concurrencia económica de la izquierda con un
nuevo modelo de desarrollo basado en el reparto social de la riqueza producida
entre trabajadores y empresarios y no en las limosnas de los subsidios, sino
que la república amorosa planteó ya una relación justamente amorosa entre trabajadores y empresarios. La tesis de la izquierda es sencilla: la
desigualdad social mexicana es producto de la repartición clasista de la
riqueza.
De ahí que la
república amorosa no sea sino una expresión mexicana del bonapartismo que analizó Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte: la explotación de
las pasiones de las masas desclasadas, un lumpenproletariado sin representación
productiva, para la conformación de un liderazgo cesarista pero con la
intención de usar a las masas explotadas para encumbrar al César en el poder y servir a las minorías explotadoras. Hoy López Obrador ha generado hasta un lumpenproletariado
intelectual y académico de ex izquierdistas con el disfraz de neopopulistas
promotores del cesarismo, un lombarismo vulgar.
Al final, la propuesta de López Obrador no es política sino religiosa;
y, más aún, fundamentalista.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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