Jueves 26 de enero de 2012
+ República
amorosa, hipocresía
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AMLO 2006 contra Constitución
Más que una
propuesta seria para atender la crisis de modelo de desarrollo y de sistema
político, la república amorosa le ha permitido a Andrés Manuel López Obrador eludir cualquier explicación o disculpa por los desórdenes callejeros del 2006 y su negativa a respetar el orden constitucional.
Sin embargo, el
reverendo López Obrador tiene hoy un pasivo con los mexicanos; y no se
trata de cualquier cosa: en el 2006 el tabasqueño desconoció a las
instituciones constitucionales e intentó imponer su victoria en las
elecciones por presiones callejeras y el plantón de tiendas de campaña vacías
en el corredor Zócalo-Periférico.
El precandidato
único del PRD quiere ofrecer hoy la imagen de un político institucional, cuando
en el 2006 llevó al país a la orilla de la ruptura constitucional, a
pesar de que cuando menos en tres ocasiones declaró en televisión que
reconocería su derrota así fuera por un voto. Y lo peor vino después
cuando acusó sin pruebas de un fraude electoral y calificó, como insulto,
de mafia a los que no reconocieron su “victoria”.
Por tanto, la
república amorosa es un engaño que busca presentar a un López Obrador
institucional; no obstante, lo mismo hizo en el 2006 antes de las
elecciones hasta que perdió los estribos y le gritó Chachalaca al
presidente Fox e hizo aflorar su rostro de violencia política. Además,
la república amorosa es una propuesta de cartilla moral fundamentalista
cuando los procesos electorales son hechos políticos.
Al final, la
república amorosa será una vacilada si antes López Obrador no aclara,
disculpas de por medio, los puntos centrales de su insurrección contra
las instituciones en el 2006:
1.- Luego de
mandar al diablo las instituciones, llamó mafia a las autoridades
electorales porque declararon presidente de la república a Felipe Calderón en
función de los procesos institucionales. El concepto de mafia implica una
acusación seria que tiene que ver con “delincuencia organizada”; hasta un libro
publicó López Obrador para señalar a la mafia que según él le quitó la
presidencia. Es la hora en que no se disculpa por la acusación.
2.- Sin
presentar pruebas legales del supuesto fraude electoral, López Obrador ocupó la columna vertebral de la vialidad del DF: zócalo-Cinco de Mayo-Juárez-Reforma
hasta el periférico e instaló casas de campaña para impedir la
circulación vehicular. Públicamente López Obrador instruyó a Ebrard a
coordinar una parte del plantón, aunque el entonces jefe electo de gobierno no durmió en el campamento sino en un lujoso hotel. El objetivo del plantó fue presionar ilegalmente a las autoridades electorales y decidir por la amenaza callejera de una insurrección popular.
3.- El hoy
reverendo López Obrador dio la orden política al PRD y sus aliados del
PT y Convergencia de impedir la toma de posesión del presidente
Calderón, imposibilitando su entrada al Palacio Legislativo y crear la crisis
política de un presidente sin juramento para convocar a nuevas elecciones.
Instigados por López Obrador, perredistas pusieron cadenas en las
puertas para cerrar el ingreso de Calderón. Pero el asunto fue más delicado porque la entonces diputada perredista Ruth Zavaleta reveló que perredistas
tuvieron bombas molotov en el Congreso para atascar la jura
constitucional, pero a la hora decisiva no las usaron.
4.- Cómo no pudo
frenar el proceso legal y legítimo de instalación de Calderón en la
presidencia, López Obrador decidió convertirse en el Nicolás Zúñiga y Miranda porfirista
y tomar posesión como presidente legítimo de la república,
en un acto oficial en el zócalo del DF, con toma de protesta, banda presidencial, Silla del Aguila y presentación formal de su gabinete; y
obligó a sus colaboradores a llamarlo “Señor Presidente”. Se trató de un
acto de desconocimiento de la Constitución y sus leyes para asumir la
condición de renegado como la persona que decide no obedecer las
leyes ni el orden constitucional, un traidor a la democracia.
5.- Cuando falló la estrategia de impedir la toma de posesión, López Obrador dio la orden al
PRD-PT-Convergencia de no reconocer la institucionalidad constitucional
de Calderón como presidente legal y legítimo y envió hordas fascistoides a reventar con violencia los primeros eventos públicos del
presidente de la república. Legalmente el PRD sigue sin reconocer a
Calderón; y López Obrador instigó a Martí Batres Guadarrama como
secretario de Desarrollo Social del gobierno del DF a criticar duramente
a Marcelo Ebrard por haberse tomado la foto con Calderón a finales del año
pasado.
Al final,
paradójicamente, la institucionalidad constitucional derrotó a López
Obrador y lo dejó como un renegado de la democracia que había jurado y
declarado respetar. De ahí que la república amorosa no sea más que una coartada y un factor de presión porque al fin y al cabo López Obrador es un agitador
social y no un político institucional, un proscrito de la democracia. Como
Lucio Sergio Catilina, de acuerdo con la historia de Roma, utilizó su
popularidad para destruir la república romana con sus protestas y
criticado duramente por Cicerón.
Lo malo de la
república amorosa es que no cuadra con el perfil de rebeldía de López
Obrador que llega a la silueta definida por José Ortega y Gasset en La
rebelión de las masas: el niño minado, el niño caprichudo que no respeta las reglas de la convivencia y que quiere imponer las suyas. En el 2006
también convenció a empresarios y parte de la sociedad pero desengañó a
sus seguidores cuando ejerció la democracia a mano alzada en el zócalo.
La república
amorosa es, pues, un engaño que busca superar su tercer lugar en las
encuestas; sin embargo, resulta una hipocresía mientras no acepte que
violentó la precaria estabilidad del 2006.
(Diario
Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)
carlosramirezh@hotmail.com
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