Domingo 5 de febrero de 2012
+ PAN: riesgos de
la fracturas
+ Proceso interno,
sin control
El proceso de selección del candidato del PAN a la presidencia de la
república se ha convertido en un arma de dos filos: de un lado, le ha permitido
a los precandidatos una exposición mediática que les hacía falta por su escaso
conocimiento público, pero de otro lado ha llevado a los panistas y a los propios
precandidatos a enfrentamientos entre sí y a colocar en el centro la gestión
del presidente Felipe Calderón.
La pugna por la candidatura se da entre Ernesto Cordero como el
precandidato preferido por el presidente Calderón y Josefina Vázquez Mota como
la precandidata que se ha posicionado por sí misma, en tanto que Santiago Creel
Miranda --que compitió contra Calderón por la candidatura presidencial en
2006-- tiene que caminar cada vez más aprisa para permanecer en el mismo tercer
sitio. Hasta ahora el proceso no se ha salido de control.
El presidente Calderón quiso manejar sin problemas el proceso, pero saltó
primero Creel y después Vázquez Mota. Hasta la víspera de las elecciones
internas entre militantes y adherentes --poco menos de dos millones de panistas--
del próximo domingo 5 de febrero, Vázquez Mota se ha impuesto con mucho en
todas las encuestas, Creel sigue en segundo lugar y Cordero casi ha alcanzado a
Creel. Como se presentan las cosas, el presidente Calderón parece querer evitar
la fractura interna con las votaciones para evitar que quede la impresión de
que no pudo poner candidato como le ocurrió a Vicente Fox en el 2006 con el
propio Calderón; por eso queda la posibilidad de una sorpresa: la declinación
de Cordero para presionar a la declinación de Creel, pero estrategas panistas
asumen que alguna encuesta coloque a Cordero en segundo lugar para obligar a
Creel a salirse de la votación.
De todos modos, en los pasillos del poder de Los Pinos ya descontaron la
posibilidad de que Vázquez Mota quede como candidata panista; inclusive,
algunas fuentes consideran que la nominación de la activista Isabel Miranda de
Wallace como precandidata única del PAN a la jefatura de gobierno del DF habría
sido una pista sobre la ventaja natural de una candidata mujer en un sistema
político machista, pero en una situación social singular: la crisis ha afectado
el papel de los hombres como jefes de familia porque las mujeres han tenido no
sólo que trabajar sino asumir el control del núcleo familiar. De ahí que no sea
cierta la versión de que Calderón trataría de imponer a Cordero a toda costa y
sí es veraz la información de que Calderón vería con muy buenos ojos a una
mujer como candidata presidencial.
La tendencia de los votos en las encuestas, a cinco meses de las votaciones
y sin candidatos oficiales, es la previsible: el PRI con Enrique Peña Nieto
sigue a la cabeza y Andrés Manuel López Obrador mantiene el tercer sitio, y en
el segundo tiene más votos Vázquez Mota que Cordero o Creel. Las cifras no han
conmocionado en Los Pinos porque hace seis años la situación era mucho peor,
pues López Obrador parecía imbatible en primer lugar y al final perdió las
elecciones por .56%.
En todo caso, el PAN debiera preocuparse por un problema mayor: la falta
de funcionalidad como partido político, la ausencia de un programa de gobierno,
la lentitud en salir a posicionar con certezas el saldo sexenal del gobierno de
Calderón, las fracturas internas por la ausencia de liderazgos reales y activos
y el estallamiento de problemas graves en el año electoral como la derrota
conceptual en seguridad y la crisis por la sequía que aprovechó con habilidad
el sector campesino del PRI.
De ahí que la preocupación de panistas sea mayor en lo referente a la
presidencia del partido, toda vez que Gustavo Madero no ha estado a la altura
de las expectativas como presidente del partido en el poder presidencial. Sin
discurso, sin presencia, sin manejo de hilos de poder, sin reconocimiento
panista y sin impacto en la sociedad, Madero se ha perfilado como un lastre
para el PAN en las presidenciales.
La competencia interna ha significado un debate innecesario entre los
precandidatos, sobre todo porque Cordero y Vázquez Mota cayeron en la trampa de
Creel de meter al gobierno de Calderón en la polémica de continuidad,
continuismo o golpe de timón, incluyendo críticas a la gestión calderonista que
le restan puntos al PAN en la tendencia de los votos. Asimismo, los tres han
caído en la trampa mediática de la crítica a la falta de dinamismo y
competencia en los debates porque al final provocaron ataques entre ellos que
debilitan al partido. Sin embargo, los destinatarios de los debates no son los
medios ni la oposición ni el escenario electoral sino los panistas militantes y
adherentes que van a votar. Por eso es que los precandidatos se han cuidado de
no rebasar los límites, aunque han sido empujados a un ring de exigencias
mediáticas de confrontación y conflicto.
De todos modos, los estrategas panistas han comenzado ya a identificar el
escenario de la competencia electoral real. Los panistas van a esperar que una
vez que haya candidato puede comenzar la operación política del presidente
Calderón para posicionar al candidato panista. En el PRI hay preocupación
porque reconocer la enorme habilidad de Calderón para operar elecciones con los
mismos instrumentos del PRI pero a favor del PAN. Su hazaña de darle la
voltereta a las tendencias electorales en el 2006 y ganar las elecciones es
recordada aún en los círculos de experimentados operadores electorales
priístas.
Lo que queda por determinar es quién será el candidato presidencial del
PAN y en qué circunstancias se dará la nominación; entre los panistas existe el
optimismo de que la nominación la gane Vázquez Mota o Cordero, porque los dos
serían selección de Calderón; en los círculos panistas se vio la incorporación
de Roberto Gil en el equipo de Vázquez Mota como una señal de que el presidente
Calderón no ha perdido el control del proceso; eso sí, en el equipo de Creel
existe la certeza de que Calderón hará hasta lo imposible para impedir su
nominación porque lo considera un “traidor político”, ya que Calderón como
presidente del PAN rescató a Creel después de haber sido consejero del IFE y lo
hizo diputado panista y luego Creel confrontó a Calderón en la disputa por la candidatura
presidencial panista del 2006. Además, Creel es considerado un activo de
Vicente Fox, a quien en el equipo de Calderón han comenzado a enredarlo con
expedientes judiciales para impedirle su intervención en el proceso de
nominación del candidato panista.
Por lo pronto, en círculos panistas se tienen las percepciones de que
Cordero ya no remontará en las encuestas y que difícilmente alcanzará a Vázquez
Mota, además de que será muy difícil explicar que el Cordero que sigue en
tercer lugar en las encuestas pueda ganarle en la votación a Vázquez Mota que
está arriba del 60% en los sondeos entre panistas y adherentes. En la
estrategia de Calderón para imponer a Cordero no contaron con el papel activo
de los medios y de las encuestadoras en la creación de climas de preferencias
fuera de los intereses del poder presidencial. De ahí el dato de que Calderón
podría hacer una maniobra esta semana para colocar a Cordero en segundo lugar y
luego pedirle su declinación para abandonar a Creel en un tercer lugar muy
debajo de Vázquez Mota.
El papel de Creel podría ser terminal; no puede ganar la elección interna
pero podría provocar una fractura en el PAN, aunque en los espacios
calderonistas creen que carece de presencia en el partido como para afectar la
votación constitucional de julio. Más aún, en algunos niveles panistas existe
la percepción de que Creel está a un paso de salirse del PRI y encontrar algún
espacio para cargo legislativo en el PRI, el PRD o Panal, toda vez que su
carrera política no ha sido fielmente panista sino funcional a un proyecto de
promoción de la democratización. Aun así, hay panistas que consideran que la
salida de Creel no afectaría al PAN en las elecciones constitucionales.
Hasta ahora, el proceso electoral dentro del PAN no se ha salido del
control del presidente Calderón aunque haya quejas de su parte a la mala
dirección política de Gustavo Madero. Sin embargo, Calderón es político de
procesos y primero quiere sacar sin fracturas la elección de candidato y luego
tendrá tiempo para definirle un proyecto de gobierno funcional a la
continuidad. Calderón ya percibió que Peña Nieto ha comenzado a bajar por sus
errores políticos --como los de López Obrador en el 2006-- y que López Obrador
no alcanza a repuntar con un giro a la república amorosa.
Para Calderón el proceso electoral del 2012 todavía no comienza.
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carlosramirezh@hotmail.com
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