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Lunes 13 de abril 2009
+ SEP, clave en cultura priísta
+ Josefina no pudo; PRI no deja
Más que el control sindical de la maestra Elba Esther Gordillo o que el costo presupuestal de millón
y medio de trabajadores en el sector, el problema central de la Secretaría de Educación
Pública es su papel de definición
del proyecto político del PRI. Por eso la tarea del nuevo titular Alonso Lujambio se medirá en función de diseñar el discurso político de la educación más allá del
PRI.
El fracaso de Josefina Vázquez Mota no fue
ante la maestra Gordillo sino porque no
pudo elaborar un discurso filosófico de la educación para el gobierno de la
alternancia. El lastre de los
gobiernos panistas ha sido justamente la incapacidad
para definir la alternancia de proyecto
de nación, toda vez que el Estado priísta derivó en lastres que han impedido el
relanzamiento del desarrollo vía educación-producción.
De ahí el temor que existe a la figura de Lujambio.
El PRI ha querido impedir cualquier modificación de pensamiento, filosofía y
teoría políticas en el Estado, a fin de que su regreso
al poder encuentre intacta la
estructura corporativa e ideológica de poder. El modelo educativo del sistema
priísta se basó en el pensamiento
cultural para reforzar el dominio de la ideología priísta. Por eso los maestros
fueron llamados los apóstoles de la
revolución mexicana.
El PRI se preocupó poco por la difusión de su ideología porque el pensamiento político
del PRI estaba en los libros de texto gratuito. Y los maestros operaban como parte del aparato ideológico de
adoctrinamiento. Por eso se llegó a decir que el priísmo
no era un partido sino una forma
cultural y educativa y que en México todos eran priístas hasta demostrar lo
contrario. El priísmo se asumía en la educación primaria vía los maestros que eran parte del
sector corporativo del PRI y el programa educativo del Estado que con Obregón,
Calles y Cárdenas se delineó como socialista, aunque no tanto por el marxismo
sino por la fusión de la educación
con el partido en el poder.
El gobierno de Fox careció de una propuesta ideológica y se resumió en el disfrute del
poder, en la corrupción y en la intención de heredarle la presidencia a su
esposa Marta Sahagún. Por eso Fox decidió administrar su incompetencia política y
no pudo --carecía de enfoque de largo plazo para ello y nunca estuvo a la
altura del estadista porque gobernó el país como si fuera su rancho de San
Cristóbal-- asumirse como
alternancia.
Ahora el presidente Calderón parece haber comprendido que la alianza del PRI no
se basa en la experiencia de gobernabilidad del tricolor sino en que el PRI
apuntala al gobierno panista para evitar cambios en el proyecto de
nación. Si una dependencia es clave
en la conformación de una nueva ideología del poder, sin duda que se localiza
en la SEP. Vázquez
Mota nunca entendió la dimensión del desafío
y su tarea se agotó en pugnas con la maestra Gordillo en el corto plazo.
Lujambio es politólogo.
Por tanto, sabe del poder de las ideas políticas. Como la maestra Gordillo no
es realmente un problema para la
SEP porque su liderazgo se reduce a canonjías económicas y
puestos de poder, entonces la tarea de Lujambio consiste
en definir el nuevo contenido
cultural, ideológico y filosófico de la educación para hacerla correspondiente con la necesidad de
redefinir también el modelo de desarrollo no priísta sino de Estado.
El modelo cultural de la educación fue definido por Vasconcelos
y luego el PRI convirtió la educación en el aparato de control ideológico del sistema. Los libros de texto
fueron como el libro rojo de Mao. Sin modificar el carácter científico, laico y
gratuito, la política educativa para la transición
a la democracia y la alternancia partidista deberá ser definida por Lujambio. El problema de la SEP no fue el carácter
intelectual de Torres Bodet o Yáñez,
sino su tarea de construir una
educación al servicio de la ideología priísta oficial. Justamente por esa razón
Muñoz Ledo pasó de la presidencia del PRI a la SEP en 1977: la educación para fortalecer la hegemonía del priísmo.
El gobierno priísta impuso los libros de
texto gratuito para delinear la ideología oficial.
Hoy el desafío radica en la necesidad de libros que revelen la verdadera historia de México, donde los
héroes no sean las estampitas del PRI. Ahí se explica la función de Lujambio, no solamente por su amistad con el presidente
Calderón. Lujambio no proviene de la cultura ideológica de la ultraderecha, su
experiencia en ciencias políticas lo coloca en un espacio progresista, carece de compromisos con la ideología
priísta, no parece preocupado por la maestra Gordillo y sobre todo conoce el papel ideológico y formativo
de la educación por su condición de profesor. Asimismo, le ha tocado vivir
directamente el problema de la
transición por el lastre ideológico del PRI en las estructuras de poder. Y por
si fuera poco, su paso por el IFE y el Instituto de Acceso a la Información Pública
le dieron experiencia en la
necesidad de empujar la construcción de un nuevo
sistema político y dejar atrás la ideología priísta.
El problema de la educación tiene un
referente latente: el 68. La crisis
estudiantil fue de identidad cultural: los jóvenes rompieron con el modelo priísta. José Revueltas encontró que el
colapso había sido por la ruptura
ideológica de la cultura y educación oficiales. Por la educación, Calderón va a
decidir si empuja la transición y la
verdadera alternancia o deja intocable
el modelo de control ideológico del PRI que es la educación.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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