Martes 8 de diciembre de 2009
+ Reforma o transición, dilema
+ Transición española, ejemplo
Cuando la transición
española estaba a punto de naufragar por la crisis económica, el
presidente Adolfo Suárez delineó los Pactos de la Moncloa como el acuerdo de
control de la inestabilidad y de definición de un nuevo modelo de desarrollo.
Lo interesante del asunto fue que todos los sectores lo suscribieron, a
pesar de que iba contra sus principios e intereses.
Los poderosos
sindicatos socialistas y comunistas aceptaron la moderación salarial,
los empresarios aprobaron una política fiscal contra la riqueza y el fin
del secreto bancario y el Estado creó una estructura estatal con supervisión
social. España pudo salir de la crisis y de paso construir un sistema político
sólido y de consenso que ha resistido los embates republicanos, las
crisis monárquicas, las tentaciones separatistas y las crisis económicas.
México se encuentra
en un punto parecido al español de 1976-1978: la alternancia partidista mexicana
del 2000 no ha podido derivar en una estructura nacional para el
desarrollo y la democracia y los diferentes grupos de poder se niegan a
aceptar que una transición representa ante todo una redistribución del
poder.
Las diferentes
expresiones de la crisis están lejos de una interpretación que se
acredite a debilidades presidenciales y más cerca de la necesidad de
pactar una redistribución del poder. Por tanto, la corresponsabilidad de
la crisis involucra a sectores, poderes, partidos, grupos de presión y
corrientes enfrentadas consigo mismas.
Las diferentes
expresiones de la crisis reflejan la disfuncionalidad del viejo sistema:
SME, Juanito, el autoritarismo legislativo, la crisis económica con PIB menguado,
el aumento del desempleo, el crecimiento de la pobreza, la inseguridad y las quejas
ciudadanas, la crisis de organización de los partidos, los caudillismos que
alimentan la crisis y… las que se acumulen en la semana.
En medio de estas
crisis dentro de la crisis prevalece el criterio de que el sistema
político priísta vigente ya no puede administrar la redistribución del
poder y que las exigencias de la sociedad son mayores a la capacidad de
modernización de las instituciones --Huntington dixit-- y por tanto el
país carece de canales de encauzamiento de las demandas ciudadanas.
El error
metodológico ante la crisis radica en darle preeminencia a las expresiones de
la crisis y no a sus causas. La alternancia, por tanto, ha derivado en
un desencanto y en el mensaje de las encuestas de que el PRI ya ganó las
elecciones presidenciales del 2012. Pero lo peor de todo es que
difícilmente el PRI podría acreditar en las urnas la tendencia de las encuestas
si antes no deja entrever la reforma del sistema político.
Los escenarios del
presente prefiguran una crisis en la transición y un agotamiento de la
alternancia, con indicios de restauración del viejo orden… borbónico
priísta.
La crisis de México no es de coyuntura sino de acuerdo nacional. Hay cuando
menos cinco perfiles:
1.- No se
trata de la necesidad de simples reformas sino transitar a un nuevo sistema político. El
actual sistema político --fundado sobre un partido hegemónico mayoritario y una
presidencia de la república autoritaria-- ya no funciona. Se trata de
crear otro sistema político porque los parches no harían
funcional el actual.
2.- La iniciativa
global de reforma debe ser del presidente de la república como la
autoridad superior, la operación política a cargo del secretario de
Gobernación y los acuerdos en el congreso con todas las fuerzas
representadas vía las elecciones.
3.- La reforma
política debe ser el pivote. Las adecuaciones del pasado ya cumplieron
sus funciones: la reforma de 1977 buscó solamente la legalización del
Partido Comunista Mexicano que no dejaba gobernar al PRI y la reforma de 1994
apuntó a la reforma oblicua del sistema electoral con la ciudadanización
del Instituto Federal Electoral, pero sin reformar la esencia de la
estructura electoral: un poder autónomo sin la presencia de partidos.
Esa reforma política se le debe a la democratización del sistema.
4.- La crisis
económica no es de instrumentos o de decisiones sino de modelo de
desarrollo y del agotamiento de laos tres pilares de la economía: el
pacto constitucional, la economía mixta y el Estado de bienestar.
5.- Lo que queda es aprovechar
las muchas propuestas que existen para la reforma estructural de la política,
la economía y el bienestar. Casi todos han hecho sus propuestas: el
presidente Calderón, el senador Manlio Fabio Beltrones, el PRI, el PRD,
Cuauhtémoc Cárdenas, la UNAM, los empresarios, intelectuales y organismos
internacionales. Sólo falta negociar el modelo que asuma todas las
propuestas. Y, desde luego, el cómo: los acuerdos de transición política
y económica y el nuevo pacto constitucional.
Al final de cuentas,
a todos les conviene la transición hacia un nuevo sistema político, un
nuevo modelo de desarrollo, un más eficaz pacto constitucional y un nuevo
Estado: el PRD para lavarse la cara de su presente caótico, a López
Obrador para el borrón y cuenta nueva, al PRI para contribuir a
un nuevo sistema político que lo obligue a abandonar la restauración y al PAN
para cumplir con su tarea de partido de la alternancia.
Sólo falta que quieran.
España quiso, pudo y salió ganando.
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