Viernes 11 de diciembre de 2009
+ N1H1: ensayo sobre la ceguera
+ Periodismo, espejo de sociedad
Como siempre ocurre,
los problemas de salud se convierten en el detonador más cruel de las crisis
en las relaciones sociales, políticas y humanas. La epidemia de influenza de
abril pasado reveló incapacidades oficiales y también correcciones urgentes,
pero faltaba conocer la versión de los afectados. La enfermedad es el
factor desequilibrador de la estabilidad del alma.
En su libro Queremos
hablar. Las voces de la influenza, el trabajo de reportero de Rogelio
Cárdenas Sarmiento hizo aflorar el sentir de la sociedad y en el caso de
la influenza desnudó la parte social de la epidemia: el infierno los enfermos
ante una doble conflicto la enfermedad y la falta de atención y comprensión. Y
peor aún, Rogelio logró probar la ineficacia de la política de salud
pública como política de bienestar social.
La nueva realidad
social de la crisis y la alternancia partidista en la presidencia de la
república han obligado a replantear la metodología del análisis político
y social a partir de que se trata de un nuevo marco de referencia: transitar
del modelo paternalista y populista al del verdadero Estado de bienestar
que reconoce la autonomía de la sociedad. Ya no se trata de una sociedad
pasiva sino ahora exigente de derechos. Este escenario logra ser reflejado
en el libro de Rogelio.
El libro Queremos hablar
es de los pocos trabajos que logra llegar a la esencia humana,
conmovedora, de un conflicto de salud que trastocó la estabilidad
emocional de la sociedad presa del pánico. Sin militancias pero con
apasionamientos, sin parcialidades pero con denuncias, sin involucramientos
pero con sensibilidad, Rogelio consiguió retratar el lado oscuro de la
epidemia de influenza que afectó al país: el sentimiento de los
afectados, de los enfermos, el miedo de quienes perdieron las certezas
con la enfermedad, el lado humano, y las limitaciones del sector salud oficial.
El objetivo de
Rogelio se cumplió: su trabajo comenzó por nada más darle voz a los
afectados por la influenza y terminó con un libro que recogió el grito
silencioso de una sociedad apática, irritada y hasta gritona. Asimismo, autocrítico,
el reportero Cárdenas Estandía pudo constatar que los medios de comunicación, a
pesar de ser eco del conflicto, en realidad no estuvieron a la altura
del desafío social:
“Amarillistas, muchos
medios de comunicación tergiversaron las cosas, privilegiando el lado escandaloso
o morboso de la epidemia, sin sustento real o científico. Hicieron de los
testimonios un espectáculo mediático. Ello contribuyó a general especulación
y alarma entre los habitantes de la gran urbe, quienes desde el viernes (día en
que estalló el pánico social) trataron de no salir de sus casas, temerosos del
contagio”.
El reportero Cárdenas
Estandía no sólo pudo recoger el tono de las quejas de los afectados,
sino logró transmitir el sentimiento de abandono, de incomprensión y de soledad
de los infectados. No se trataba de una epidemia malvada, sino de una
gripe radical que requería atención. Quedan los testimonios de las
insuficiencias del sector salud, pero Rogelio también revela el viejo
estilo del gobierno de cerrarse a la democratización de la información como una
forma de suponer que sólo así se podía contribuir a vencer la infección: el
ISSSTE fue tapiado a la observación social.
El libro de Rogelio
tiene un prólogo significativo de José Saramago, cuya novela Ensayo sobre la
ceguera trata de una infección de pérdida de la vista que afectó a un
núcleo social y que llevó al deterioro de los lazos indispensables de una
sociedad dominada por el miedo. Pero es también el Saramago de Intermitencias
de la muerte que pudo reflejar la relación dialéctica inevitable
entre la vida y la muerte. Y el Saramago de Ensayo sobre la lucidez, en
la cual la sociedad decide decir no a la realidad incomprensible que lo
rodea.
México no ha podido
hasta ahora asumir el caso de la influenza como una metáfora al estilo
Susan Sontag, cuyo cáncer le hizo cambiar la perspectiva de la vida y no de la
muerte. Y el libro de Rogelio recuerda, sobre todo, ese gran reportaje de
Daniel Defoe, Diario de la peste, donde el periodismo consiguió reflejar
el miedo de la sociedad a lo desconocido. Y qué decir de La peste, de
Albert Camus, más filosófica pero no menos realista sobre las contradicciones
de una sociedad ante una epidemia. O al reciente Jean-Paul Sartre, cuyo guión Tifus,
explora el lado amargo de las relaciones sociales ante lo desconocido de la una
epidemia. Y hay vínculos con El año de la guerra del cerdo, de Adolfo
Bioy Casares, donde no hay una epidemia pero la liquidación de ancianos
enfrenta a la sociedad ante la destrucción social masiva reveladora de una limpieza
étnica.
Las voces que recoge
Rogelio en su libro son de denuncia, pero conmovedoras en la referencia
al entorno social hostil, reveladoras de la falta de tejido social ante la
incertidumbre saramagiana, exigentes de atención y, sobre todo, denunciadoras
de que las epidemias no necesitan nada más de atención médica, sino de una
nueva sensibilidad social.
El libro de Rogelio --edición
de autor, con donación de los derechos de venta-- cumplió la misión de
Stendhal: ser el espejo que logra reflejar el lado oscuro de la
sociedad.
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carlosramirezh@hotmail.com
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