Viernes 18 de diciembre de 2009
+ Cambio de modelo de desarrollo
+ …La verdadera reforma política
Cuando regreso de su
viaje por Oriente, Carlos Salinas dictaminó a finales de 1993 que el error
de Mijail Gorbachov había sido llevar a cabo simultáneamente las
reformas económica y política. Días después, le estalló el colapso
político de 1994 y dio al traste con su globalización económica.
El eterno dilema
de los gobernantes radica en la falsa percepción de los caminos paralelos o
desasociados entre la economía y la política. Sin embargo, las experiencias
exitosas señalan que las dos reformas deben ser al mismo tiempo. Y más
aún: articuladas unas a otras. La transición de España a la democracia hubiera
sido imposible sin los Pactos de la Moncloa en su vertiente de reforma
económica para detener la crisis.
La reforma política
del presidente Calderón va a incidir sobre la actual correlación de fuerzas
políticas, sociales y productivas. Pero tendrá que negociarse en medio de un
país en crisis. De ahí que a esa reforma política le hagan falta sus
Pactos de la Moncloa para contener la crisis, realizar los cambios económicos necesarios
y sobre todo iniciar un verdadero periodo de recuperación.
Las reformas
políticas han sido antídotos contra la crisis. López Portillo implantó
la suya en 1977 para contener a la izquierda. Salinas reformó el órgano
electoral en 1990 para estabilizar las protestas sociales contra las
elecciones y con ello obtener la tranquilidad para la negociación del tratado
de comercio libre. Zedillo buscó con urgencia un acuerdo político nacional en
1995 para tranquilizar Chiapas y negociar su paquete anticrisis con el
aumento de 50% en el IVA. Es decir, todas las reformas políticas se dieron en
el escenario de crisis económicas.
La reforma política no
logrará estabilizar al país si no va de la mano de la reforma del modelo de
desarrollo. La izquierda mexicana parece haber olvidado los libros de texto: la
correlación de fuerzas políticas y sociales es expresión --producto-- del
equilibrio económico y productivo. La reforma económica globalizadora y
neoliberal de Salinas produjo su equilibrio de fuerzas, clases y
partidos.
La verdadera prioridad
nacional es la crisis económica y su efecto inmediato en el desempleo. La caída
del PIB en el 2009 será de -10%, 7% de PIB negativo y 3% de la tasa
promedio prometida. La meta del PIB debe de ser de 7% promedio anual para dar empleo
formal al 1.2 millones de mexicanos que cada año se incorporan al mercado de
trabajo por primera vez. La tasa promedio anual del PIB en el lapso 1982-2010
será de 2.2%, un tercio de la meta de 7%. La meta oficial del gobierno
para el periodo 2010-2015 es de 3.7%, la mitad de la requerida por el
aumento anual de la población económicamente activa.
Si la economía crece
a una media de 3% anual promedio, tardará más o menos trece años en
recuperar lo perdido en el 2009. Y aún así se colocaría en la media promedio
anual de 3%.
Por tanto, la reforma
económica es igual de urgente que la política. Lo peor que le puede
pasar al país es tener que decidir entre el dilema de mayor democracia
pero sin desarrollo o mayor crecimiento económico sin democracia: es decir,
optar entre el modelo Zedillo o el modelo Díaz Ordaz. El primero llevó a la pérdida
del poder; el segundo condujo a la represión.
España aplicó las dos
reformas de manera simultánea. Y lo hizo en medio de una severa crisis
económica: los sindicatos aceptaron la moderación salarial, los empresarios
avalaron la reforma fiscal agresiva contra el capital y la desaparición del
secreto bancario y el gobierno hubo de redefinir la existencia de la
estructura de un Estado rector que no aparecía en su hoja de ruta. El principal
pivote de los Pactos de la Moncloa fue el Partido Comunista de España.
El desafío real
del país es la reforma del modelo de desarrollo: política económica, gestión
activa del Estado y pacto constitucional. Si se hace una encuesta sobre sus
necesidades, los mexicanos preferirían una reforma del modelo de
desarrollo para obtener empleo, salarios y bienestar y no una reforma política
que satisfaga las preocupaciones de las élites del poder. Al final de
cuentas, una sociedad en crisis es capaz de optar por el peor de los
modelos políticos. La historia está llena de ejemplos: desde Hitler y la crisis
económica de Weimar hasta George Bush, pasando por Fidel Castro y Hugo Chávez.
La crisis de 2009 fue
demasiado severa como para ponerla detrás de la reforma política. A menos
que la reforma política sea el paso previo para una correlación de fuerzas
políticas y sociales funcionales a la reforma del modelo de desarrollo. Pero
lo ideal sería la simultaneidad de las reformas, para evitar de nueva
cuenta el error de Salinas que hundió al país en una crisis de la que
aún no salimos.
El tema de la reforma
del modelo de desarrollo debe ser de reflexión para el fin de año.
(Por vacaciones de
fin de año, Indicador Político se tomará dos semanas de descanso. Nos
volveremos a leer aquí el lunes 4 de enero del 2010. Que descansen.)
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