Miércoles 10 de junio 2009
+ Voto en blanco en futbol
+ No asistir a juego de hoy
Ahora que la sociedad
mexicana quiere tomar el control de su
entorno político y social, el voto en blanco-abstención-nulo debe trasladarse a la selección mexicana de futbol. El fracaso en El Salvador debería llevar a un boicot popular de estadio vacío hoy en
el Azteca para obligar a autoridades y dueños de
equipos a una reforma total del futbol mexicano.
A pesar de que el futbol
depende del apoyo popular, los
dueños de los equipos y la federación mexicana manejan a la selección a espaldas de la sociedad. Eso sí, los
futbolistas se dedican a explotar la
pasión con participación en empresas comerciales para anunciar productos. De
ahí también que los fanáticos del futbol deban extender
boicot contra esos productos para exigir a los propios futbolistas más
atención a la técnica que al negocio. El futbol en
México es un factor de estabilidad
social.
El voto en blanco-abstención-anular en el futbol sería una llamada
de atención a las empresas y al propio gobierno sobre el papel del futbol en el ánimo nacional. Empresas y futbolistas apelan
siempre al apoyo de los fanáticos
pero no ofrecen resultados a cambio.
Si los apasionados del futbol siguen permitiendo que las empresas hagan su
santa voluntad y el gobierno y sus instituciones obligadas a regular el deporte nacional por
excelencia volteen hacia otro lado para que un oligopolio de intereses decida en función de tasas de utilidad y no
responsabilidad social, el futbol mexicano seguirá cayendo por la pendiente de intereses
multimillonarios y los fracasos en las canchas.
México se encuentra en una posición deprimente en futbol,
un poco como reflejo de la propia crisis nacional. El Tigre Emilio Azcárraga Milmo inventó el
grupo de la Concacaf para encontrarle a México un
espacio en el futbol subdesarrollado en Centroamérica
y el Caribe. Pero resulta que los equipos de esas zonas han aumentado su calidad y México ha
disminuido el nivel técnico de su futbol.
La crisis
del futbol es seria. Y hay una evidencia: ahora todo
el orgullo nacional se ha centrado en la esperanza
de que México venza al equipo de Trinidad y Tobago, cuyo nivel técnico aún es
bajo. Pero luego de lo ocurrido con la mediocridad de la selección de El
Salvador, la depresión social
mexicana comienza a preocuparse por la posibilidad de la derrota.
La socialización
del futbol ya venía de tiempo atrás pero fue colocada
nuevamente como un tema de la coyuntura y de la crisis por la intervención del
presidente Calderón para precipitar la salida del sueco Sven
Goren-Ericsson y sugerir
la llegada de Javier Aguirre, por la campaña de la federación mexicana para
convocar el apoyo de los fanáticos y
por las recientes informaciones sobre investigaciones a equipos que pudieran
estar facilitando el lavado de dinero
del narcotráfico.
El tema se convierte en prioritario por el hecho de que se
trata de la selección nacional de futbol, es decir,
un equipo que lleva la representación
oficial de México a competencias internacionales. Por tanto, el gobierno
federal y el Congreso, donde existen instancias de regulación y promoción del deporte y de vigilancia del nombre de
México, debieran de constituir comisiones especiales para intervenir en el futbol nacional y evitar
el fraude a los fanáticos del deporte de las patadas.
El problema
del futbol mexicano es de técnica y de negocios, pero
a decir del sociólogo Raúl Navarro Benítez también padece el efecto espejo de la realidad nacional:
Aguirre es como el Tlatoani presidencial, la
corrupción y los privilegios impiden
alto nivel técnico, los jugadores carecen de espíritu de equipo, la federación
mexicana es un cártel de intereses creados, no existe un plan de desarrollo del
deporte, los errores se responden con pretextos,
los dueños de los equipos dicen que la crisis es un “catarrito” futbolístico, la
improvisación ahoga la capacidad técnica, los jugadores le apuestan al faul y no a la
técnica ofensiva, no existe equilibrio de poderes entre los dueños, los dedazos deciden la lista de convocados,
no hay respeto a las reglas ni a las autoridades, el sistema de justicia
futbolística responde a intereses y
corruptelas, los poderes fácticos gobiernan
a los equipos.
Pero el futbol
es más que un deporte: se trata, al
final de cuentas, de un estado de
ánimo de la sociedad, de un factor de estabilidad
social. De ahí que las autoridades están obligadas a poner orden en el desorden, a romper intereses creados y a impedir que
los seguidores del futbol y de la selección nacional
sean defraudados por manejos
irregulares con la selección. Por ejemplo, a Ericsson lo impuso Jorge Vergara,
el dueño de las Chivas de Guadalajara
como nuevo poder fáctico del futbol, pero Ericsson fue desplazado por la intervención del presidente de la
república al escuchar el clamor social por el caos en la calificación. Pero también
tiene que ver el hecho de que Televisa es dueña de tres equipos de futbol, pero con tan malos
manejos que el Necaxa acaba de bajar de división; sin
embargo, con tres equipos se puede manipular
la tabla de posiciones en función de intereses económicos.
La selección es un manojo de intereses comerciales. Los jugadores son más leales con los patrocinadores que
con los fanáticos. Y ahora el PRI se ha metido con spots electorales explotando los colores de la selección
nacional. Por eso las autoridades y el congreso deben regular el futbol y la selección. Y la
sociedad debe dar su primer paso y decretar el voto en blanco-nulo-abstención no asistiendo hoy miércoles al estadio
Azteca para demostrar su repudio a
la falta de calidad, integridad, ética y entrega de los futbolistas.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
- - 0 - -
Imprimir
|