Viernes 12 de junio 2009
+ Delito criminal en guardería
+ Un protegido de Bours,
clave
La tragedia en la guardería ABC de
Hermosillo, Sonora, reveló la peor
de las pesadillas políticas del país: la impunidad. Entre muchos otros, hay cuatro datos reveladores:
1.- El problema no radicó en la privatización del servicio de
guarderías, sino en la entrega de concesiones a familiares de políticos priístas locales. Por tanto, existe ahí una
relación perversa de complicidad del
poder.
2.- El funcionamiento de guarderías sin
supervisión real se reproduce en la
casi totalidad de las empresas privadas: la autoridad municipal, estatal y
federal son proclives a la corrupción.
3.- El Instituto Mexicano del Seguro
Social subrogó guarderías, pero mantiene bajo su control directo a cuando menos
150. Pero no son guarderías para la sociedad sino para la casta privilegiada de trabajadores del
IMSS y del sindicato. Esas guarderías tienen control, supervisión y equipos médicos especializados. Por tanto,
el IMSS ya no cuida la seguridad
social sino la de la casta de
trabajadores sindicalizados.
4.- Uno de los responsables de agilizar el procesamiento de las autorizaciones
para la Guardería ABC
fue Juan Carlos Lam,
secretario técnico del gabinete, protegido
del gobernador Eduardo Robinson Bours
Casteló y por tanto corresponsable
legal de la tragedia.
El conflicto legal por la Guardería ABC no debe terminar en la tasación de 150
mil pesos por la vida de cada niño --valor de la indemnización oficial-- sino
que primero debe de llegar hasta las
últimas consecuencias: los
empresarios subrogados tienen la obligación legal de pagar cuidados médicos e indemnizaciones, no el IMSS con dinero de los contribuyentes.
Asimismo, la autoridad federal tiene
también la obligación de fincar responsabilidades
más allá del nivel del homicidio culposo. Si se revisan las leyes, la
negligencia y el incumplimiento de reglamentos de protección civil pueden
llevar a cargos de homicidio doloso,
es decir, que hubo responsabilidad criminal al no cumplir intencionadamente con las medidas de seguridad. Si deveras la Procuraduría General de la República quiere hacer
un intento de justicia, entonces
debe reacusar a los dueños por
irresponsabilidad criminal, no sólo civil. Los dueños tenían la obligación de
cumplir con reglas de seguridad. No hacerlo es, de suyo, un delito criminal.
Los niños que perdieron la vida no murieron sino que fueron asesinados por la negligencia criminal
de dueños que no cumplieron con las reglas de seguridad, de autoridades estatales
y municipales que avalaron el funcionamiento
de la guardería y de funcionarios del Seguro Social que no supervisaron la seguridad. El Estado puede privatizar actividades, pero existe la obligación de supervisar directa para impedir
errores.
Asimismo, la corrupción es un delito grave. La PGR y la procuraduría estatal
tienen formas de perseguir y
castigar la corrupción como delito, pero también por sus repercusiones criminales.
Los niños perdieron la vida por irregularidades
en la supervisión de tareas de gobierno contratadas a particulares. Y hay que
subrayar que no se trata de uno o dos niños muertos, sino de 45 infantes que fallecieron por la
negligencia criminal de autoridades municipales, estatales y federales y de
particulares. La PGR
no puede salir con el cargo de
homicidio doloso no grave y
adelantar la libertad bajo fianza.
El lado político llega a los aparejos del
gobernador Eduardo Robinson Bours
Casteló, en cuyo gobierno trabajaban algunos socios o esposos de socias de la guardería
incendiada. La renuncia sería el
menor de los castigos. Y sería poco
esperar sólo el cargo de conciencia de 45 niños. El fondo del conflicto radica
en el hecho de que la privatización
de funciones públicas no recayó en empresarios dedicados sólo a la empresa
privada, sino en funcionarios de
gobierno beneficiarios de concesiones.
El caso de la guardería es justamente la principal
distinción del gobierno empresarial
del empresario Robinson Bours
Casteló. Beneficiario del apoyo
político de Ernesto Zedillo y su esposa, Robinson Bours Casteló saltó del
Consejo Coordinador Empresarial a la gubernatura. Y
Sonora se privatizó para pasar a formar parte
del Grupo Empresarial Bours.
Por eso el gobernador Robinson Bours
Casteló quiso primero echarle la
culpa a la esposa del presidente de la república, cuando la dueña Gómez del
Campo es pariente de la esposa del gobernador.
El caso de la Guardería ABC volvió
a echar la luz sobre Sonora, un
estado donde la impunidad es regla general, el narcotráfico ha penetrado no
sólo las instituciones sino las empresas Bachoco del
gobernador, el autoritarismo ha convertido a Robinson
Bours Casteló en un cacique del estilo del guerrerense Rubén Figueroa, donde sigue
desaparecido el reportero Miguel Angel Jiménez por denunciar la protección oficial al
crimen organizado y donde la represión
a disidentes es práctica del gobierno estatal.
Las conclusiones son pocas: sí hay delitos criminales que perseguir
en el caso de la guardería ABC, Sonora quedó al descubierto como una entidad sin Estado de derecho y la privatización
de funciones estatales ha derivado en corrupción
e impunidad de empresarios locales aliados al gobernador.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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