Domingo 21 de junio 2009
+ Mal reporte de campaña
+ ¿Quién podrá salvarnos?
A tres domingos de distancia a partir de
hoy el país entrará en otro
escenario político, cualquiera que sean los resultados electorales. Lo púnico
cierto es que el desmoronamiento del
viejo régimen priísta y sus acuerdos ha dejado de funcionar, pero parece que
nadie está preocupado por definir las nuevas necesidades y plantear las nuevas
negociaciones.
El saldo previsible es que el contexto
para el 2012 habrá de modificarse
sustancialmente. La crisis del PRD reventará
a la izquierda, aunque no precisamente porque la izquierda se sienta
representada por el PRD sino porque no hay otra organización que cuando menos diga ser de izquierda. Y ahí está una
de las principales pasivos de la izquierda: nadie se ha tomado la molestia de
tratar de definir a la izquierda. Lo
de menos es que diga que la izquierda es gasto social, porque eso lo hizo --y
mucho-- Salinas.
El problema es que las fuerzas políticas
tienen cinco escenarios graves: los
conflictos sociales agravados por la adversidad, el ascenso en la respuesta del crimen organizado contra
la ofensiva gubernamental y el reclamo
de la sociedad contra la política y los políticos, la ruptura de las reglas del
juego político con ataques graves de
unos contra otros y la peligrosa decisión
de la sociedad de excluir el escenario internacional.
La semana estuvo agitada y casi todos los
temas tuvieron repercusión electoral:
1.- Del narcotráfico sigue su marcha. Los choques entre el crimen organizado y
las autoridades siguen in crescendo, pero con la certeza de que la presión
gubernamental ha logrado acotar los
espacios de acción. Al finalizar la semana, por ejemplo, la PGR fincó responsabilidades
penales a alcaldes y funcionarios del gobierno de Michoacán. Es decir, que sí estaban involucrados en el narco. Y ahí se encuentra el huevo de la serpiente: la complicidad policiaca,
política y social con el narco. El sábado 13, el
ejército entregó a diez oficiales acusados
de complicidad con el narcotráfico. Pero la enfermedad está muy arraigada. Y
cada día crece el descontento social, como dejando ver la perspectiva de que
mejor ya no se metan con los narcos y que sigan operando como antes, con pactos y
tranquilidad.
2.- El caso de la guardería ABC en
Hermosillo, Sonora, se metió en el
proceso electoral. El gobernador Eduardo Robinson Bours Casteló le ha apostado a la resistencia, a pesar de pruebas de que la corrupción en su gobierno
fue parte fundamental de la tragedia. Y se sumaría a la larga lista de
gobernadores metidos en conflictos con la sociedad, pero resistiendo las
presiones. Lo grave es que el PRI,
el partido del gobernador, ha decidido mirar a otro lado, en lugar de defender
a la sociedad. Con ello el PRI ha confirmado
que es el mismo PRI de siempre. En el pasado bastaba la decisión del presidente
de la república para llevar la justicia a los estados y destituir a caciques gobernadores. Pero como hoy el presidente de
la república es del PAN y los mandatarios metidos en problemas son del PRI,
entonces la complicidad del poder es
la que manda.
3.- La crisis económica sigue latente, aunque no con la fuerza del
colapso. Probablemente falta poco
para tocar piso, pero el problema de fondo radica en la falta de una estrategia
contracíclica. La decisión de Hacienda ha sido la de resistir el embate de la recesión, para
evitar que el programa contracíclico afectara la
estabilidad macroeconómica y sobre todo la inflación. Con ello, México sería el
único país preocupado por mantener
las doctrinas del Fondo Monetario Internacional de inflación baja y cero
déficit presupuestal, cuando los Estados Unidos aprobaron inversiones que
llevarán el déficit presupuestal a 12%. El cálculo mexicano podría estar errado y la meta de inflación baja
pudiera lograrse con una caída del PIB de -6.5% para todo el año de 2009.
Sería, sin duda, alto el costo
social de la ortodoxia.
Los datos revelan que la crisis tardará en
disminuir. Y sobre todo en que la recuperación será lenta porque no hay locomotoras fuertes que la impulsen. La perspectivas internacionales tratan de salvar a México, pero aquí el problema
de fondo no es de estado de ánimo sino de falta de dinamismo. Y no sólo no se han usado los dineros aprobados
del programa contracíclico sino que ahora se prepara
un recorte presupuestal para
compensar la caída de los ingresos fiscales.
4.- El voto en blanco entró en una zona de
jaloneos. Las diversas personas y
organizaciones que quieren capitalizar la bandera ha disminuido el número de
convencidos. Además, se trataría de una protesta al aire, es decir, sin continuidad política o estratégica. El problema
político radica en que los beneficiarios
del actual sistema de cosas son los más urgidos de votos, desde López Obrador y
su menguado PT, hasta el PRI que quiere regresar al poder, pasando por el PAN
que no quisiera perder el especio de
legitimidad de suyo disminuida. Y la sociedad que se queja contra el sistema
electoral, carece de una oferta a
posteriori. La agenda de cambios institucionales que propuso Alejandro
Martí es incoherente, incompleta y parcial. Y los priístas que no tuvieron
candidaturas nada más han quemado
las posibilidades de protesta social del voto en blanco.
RUPTURA DE EQUILIBRIOS
5.- La crisis de Iztapalapa
puso al PRD al borde del abismo. La
agitación encabezada por López Obrador para buscar desesperadamente la
reconstrucción de su liderazgo perdido ya reventó
al PRD. Es decir, el PRD ya murió y es hoy un cadáver insepulto. Si López
Obrador gana para el PT la
delegación, habrá tronado al PRD, a Marcelo Ebrard
por la orden pública de poner a Clara Brugada y a la
opción populista que se basa en la insurrección
callejera. El conflicto con López Obrador es que no representa una opción política sino un cacicazgo personal. Los
columnistas aún adictos al tabasqueño no pudieron ocultar su desagrado con el estilo atrabiliario de
hacer política. La confrontación con Jesús Ortega va a decidirse después del 5
de julio: o se va López Obrador o se van los Chuchos. Y la izquierda habrá dado el espectáculo de mediocridad política de comienzos del siglo XXI.
6.- Las campañas electorales han
introducido la confusión. Los
candidatos no ofertan compromisos sino engañan a los electores con promesas que
no van a poder cumplirse. Y a ello
hay que agregar otro hecho sensible: los gobernadores están operando en sus
entidades para beneficiar a sus
partidos, no para consolidar la democracia. Por ello ahora se adelanta la
situación de fraude electoral en
todas las elecciones. Y por tanto, conflictos poselectorales.
Y como los órganos electorales carecen
de credibilidad, entonces las elecciones se darán según las reglas de la ley de
la selva. Por lo pronto, López Obrador en Iztapalapa ya
dio la probadita: no va a un proceso
electoral, sino a que le entreguen, por cualquier vía, la jefatura delegacional. Si no, preferirá incendiar las praderas antes de someterse a las reglas del
juego democrático.
7.- Los partidos políticos han abandonado su espacio de canalización
política. La distribución de candidaturas, el uso de campañas agresivas y los
ataques entre los jefes de esas organizaciones han disminuido la certeza en los partidos. El debate
entre la priísta Beatriz Paredes y el panista Germán
Martínez se iba a convertir en un rosario de Amozoc
porque la intención era destruir al
adversario. Los dos partidos han perdido
su capacidad de promover ofertas de campaña y se reducen a atacar (el PAN) y a
defenderse (el PRI). Lo malo de esta confrontación es el mensaje subyacente: aún ganando algo más de espacio electoral, el
PAN no podrá gobernar solo; y aún
con la mayoría absoluta, el PRI tampoco
podría administrar la política. Y con un PRD quebrado, entonces el país
quedaría políticamente al garete.
8.- La ruptura del equilibrio político
debe acreditarse al fin histórico
del PRD. El papel de la izquierda era el de atenuar extremismos y convertirse
en una fuerza moral. Pero desde
cuándo que el PRD abandonó su
función de partido de izquierda y se convirtió en un partido populista,
ambicioso de poder y sobre todo funcional al Caudillo tabasqueño. Las crisis
políticas han estallado en naciones donde la izquierda pierde sus enfoques. Ahí está España, donde la izquierda se enamoró del poder y es capaz de cualquier
maniobra inmoral para mantenerse en el gobierno. O en Venezuela, donde la
supuesta izquierda bolivariana está en rumbo
de un golpe de Estado tradicional para apropiarse del poder. Sin el PRD
coherente y definido, el país va al bipartidismo PRI-PAN.
9.- El PRI también ya decidió pasar a la ofensiva para debilitar al gobierno. Agobiado
por la campaña panista que recuerda las trapacerías
priístas de setenta y un años, el tricolor quiere ahora desligarse del PAN y gobernar por su cuenta, pero sin tener la
mayoría. El papel estabilizador del PRI ha pasado ahora a la función desestabilizadora con una tarea de
confrontación contra el presidente de la república. Ahí ha perdido seriedad y
credibilidad el PRI, porque las circunstancias han mostrado que no ha cambiado y que es el mismo PRI de
siempre, el del pasado. Por tanto, el PRI ha dejado ver ese rostro de autoritarismo que tantos votos le
costó. Pero se trata también de indicios de desesperación.
10.- El presidente Calderón ha quedado en medio de todo el escenario
conflictivo. Tiene la necesidad de impulsar a su partido en el proceso
electoral, pero al mismo tiempo está obligado a presentar iniciativas de reforma política que puedan destrabar la parálisis
institucional. Por la conformación partidista en la próxima cámara de diputados
y el candado de la bancada priísta en el Senado, las posibilidades de que el
legislativo ofrezca una buena reforma política son prácticamente nulas. Pero el país no podría vivir
políticamente con las viejas reglas políticas y menos esperar pasivamente el
2012, por lo que deja la señal de que sólo el presidente de la república
tendría la capacidad de iniciativa
política para buscar la reforma del sistema político. Sólo que aún no se sabe
hasta dónde quisiera llegar Felipe
Calderón.
A tres domingos de las elecciones, el país
presenta más dudas que certezas. En
el fondo, ya no importa tanto quién
sacará más curules o quién ganará las elecciones en
siete gubernaturas, sino saber si la clase política
está entendiendo los mensajes de la
sociedad: el hartazgo, el repudio y sobre todo la urgencia del cambio
institucional. Es posible que no haya una ruptura revolucionaria como sueñan
algunos, pero el solo hecho de un mayor
deterioro institucional y la disputa callejera y violenta por el poder serían
escenarios de corto plazo indeseables.
El escenario cotidiano va de conflicto en conflicto. Los problemas no han
terminado. La semana terminó con la consignación de alcaldes y funcionarios de
Michoacán por vinculaciones con el narco y con la impunidad del gobernador sonorense Eduardo Robinson Bours Casteló al negarse a consignar a funcionarios de
su gobierno por la tragedia infantil de casi 50 niños muertos por quemaduras en
una guardería. En ambos escenarios está retratado el país que debe cambiarse
pero al que todos le cierran los
caminos para las transformaciones.
La campaña legislativa era la gran oportunidad para debatir
justamente el agotamiento del viejo régimen, pero todos --incluyendo al PAN--
están tratando de sobrevivir
aferrados precisamente a la vigencia del viejo régimen político. Y por la falta
de legitimidad, tampoco la próxima
legislatura tendrá la lucidez para entender la dimensión de la crisis
institucional y la urgencia de una
transición de régimen y de sistema.
Entre todo el enredo, la única pregunta que queda en el tintero
no deja de ser ingenua: ¿quién
tendrá la capacidad para presentar la iniciativa de reforma política integral
del país para superar el país de las
sombras largas que agoniza en medio de crisis sucesivas?
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