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Martes 24 de marzo 2009
+ Crisis, 2009 y la canícula
+ La
Cámara no deja gobernar
Lamentablemente para el país, las
elecciones federales del 2009 llegaron en mal
momento: la hora de la canícula
política. Aunque el término tiene que ver con la posición de las estrellas y
sobre todo el Can Mayor, en el campo mexicano se alude a cierto estado de ánimo
febril en los perros por la llegada
de la ola de calor.
A nadie debería extrañar que el país haya
ingresado a una etapa de conflictos
políticos. Ni que el tono de los enfrentamientos haya subido de calor. Al final
de cuentas el escenario político electoral es simple de entender: a la oposición le conviene agrandar la crisis y detener cualquier iniciativa gubernamental y
el partido en el poder no tiene más camino que atacar a la oposición.
En todo caso, el principal mensaje que
deja en el electorado el conflicto entre partidos y políticos radica en el hecho
de que el congreso no le permite
gobernar al ejecutivo. Las lecciones políticas de la cohabitación --presidente de la república del PAN y mayoría PRI-PRD
en el Congreso-- no han sido democráticas: el PRI frena iniciativas para demostrar que el PAN no sabe gobernar
porque los priístas tienen el derecho de autor y el PRD necesita dibujar un
escenario de hundimiento nacional
para que venga el hombre providencial a salvar
a México.
Así que los electores se deben preparar
para lo peor. El PRI va a seguir tratando
de gobernar --no de cogobernar desde
el Congreso-- por encima del ejecutivo y el PRD tratará de enturbiar el escenario nacional. En lugar de que el poder
legislativo sea la cámara hiperbárica de oxigenación y despresurización de una crisis
que viene de atrás --de los gobiernos priístas y del populismo priísta
convertido en neopopulismo lopezobradorista--,
el Congreso se ha convertido en un campo de arenas movedizas contra el ejecutivo. Por ejemplo, el Congreso
decidió realizar tres foros para
empantanar iniciativas del ejecutivo en reforma del Estado, reforma
energética y medidas contra la crisis, pero los congresistas se opusieron con actitudes autoritarias al
foro presidencial sobre la nueva refinería.
Por tanto, el ambiente crispado de crisis
hay que tomarlo como artificial. Es
decir, parte del escenario electoral en donde la oposición verá todo malo y
tratará de hacer tropezar al gobierno y el gobierno federal panista
culpando a la oposición de lentitud
en la toma de decisiones. De ahí que todos los ataques que tengan que ver con
el gobierno y sus pantalones formen parte
de la lucha política y no debería dramatizarse.
La hora de la canícula política
lamentablemente será otro factor de
la crisis. La tribu priísta de Beatriz Paredes Rangel
quiso alargar la aprobación de las leyes contra la inseguridad para que el
ambiente se crispara más, pero ahí el PRI perdió
la batalla mediática con el PAN de Germán Martínez Cázares.
En el mismo escenario cae el debate sobre Banamex,
con la circunstancia agravante de que importantes políticos priístas exigen la venta del banco por el dinero de Obama al Citigroup por la
sencilla razón de que quieren comprar
ese paquete.
El PRI ha tomado la decisión de bloquear al gobierno de Calderón y de
aprobar reformas para quitarle el poder al ejecutivo, aunque si el PRI regresa
a la presidencia tendrá un presidente de la república sin fuerza del poder. Pero en el fondo no se trataría de una reforma a fondo de la estructura del Estado
priísta para darle nueva funcionalidad a la sociedad y a las instituciones,
sino con el propósito de mantener
vigente esa estructura de poder y de dominación social priísta.
En este contexto debe verse el debate que viene sobre la reforma
laboral. La actual estructura del sindicalismo privilegia a los líderes y los
hace dependientes del poder y de la
política. Pero es el PRI el que defiende
esa posición por el hecho de que los viejos líderes de la CTM, todos ellos formados en la doctrina Fidel Velázquez de oprimir al trabajador para capitalizarlo ante el
gobierno, forman parte del actual
PRI.
Y del lado del PRD las cosas son iguales.
Una de los puntos decisivos de la reforma laboral radica en la necesidad de democratizar la vida interna de los
sindicatos, pues los líderes se apropian
del poder y no lo sueltan. Ahí está el ejemplo
típico del sindicalismo lopezobradorista, formado
obviamente en la escuela del PRI: Francisco Hernández Juárez, dueño de la secretaría general del
sindicato de telefonistas desde 1976. Por esas razones los líderes sindicales
priístas y el PRI y sus bancadas con ellos se van a oponer a cualquier reforma laboral que rompa con sus intereses.
Ante la oportunidad de convertir las
elecciones legislativas de mediados de sexenio en una nueva oportunidad para
debatir la transición mexicana a la
democracia, el país se colocará de nuevo en la orilla del abismo dela restauración.
Lo malo es que el contexto es de una de las más severas crisis de los últimos
quince años. Pero parece que la oposición quiere
hundir más al país en los problemas para aparecerse como salvadora.
Así, el tema de las elecciones será doble:
de un lado, la crisis; de otro, la
certeza de que fracasó la
cohabitación y que los políticos mexicanos no parecen estar preparados para la
democracia.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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