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Martes 25 de marzo 2009
+ Ministros lopezobradorizados
+ La Tremenda Corte “Legítima”
En un acto de rebeldía institucional que viola el principio legal de
imparcialidad, cuatro ministros de la
Corte decidieron el camino de la lopezobradorización y
optaron por inventar la
Tremenda Corte de Justicia “legítima” al margen de las instituciones.
Luego de haber perdido la votación sobre el caso de la activista Lydia Cacho, los
ministros Genaro Góngora, José Ramón Cossío, José de Jesús Gudiño y Juan Silva
Nieto publicaron un libro con los votos particulares.
Pero se trató de un acto de ruptura
de las decisiones por mayoría de la
Corte que viola las leyes, que trafica con información privilegiada del máximo tribunal judicial y
que ridiculiza las votaciones en la Corte.
Tan se trató de una decisión ilegal, que
los ministros presentaron su libro en lo oscurito:
una reunión en el ITAM el miércoles 18, pero a puerta cerrada, a escondidas de los medios. La intención del libro es más
que obvia: sumarse, vía Góngora, el ministro valido de López Obrador, a la guerra sucia electoral en contra del PRI para revivir el caso Cacho pero
luego de haber perdido la votación.
Con el libro, los cuatro ministros
instalaron la Corte
“legítima”, funcional a la
presidencia “legítima” de López
Obrador. Sólo falta que algún perredista despistado tome la decisión de crear
el Congreso “legítimo” para que
López Obrador, luego de haber perdido
las elecciones de julio del 2006, tenga su República patito y sus tres poderes “legítimos”.
Góngora aparece como el presidente “legítimo”
de la Tremenda Corte
del tabasqueño.
Como debe de ser, los cuatro ministros
escriben su propia versión del caso,
parcial, tergiversada y resentida por la derrota. Pero ocultan la perversión de
haberse asumido como un poder investigador federal para violar la autonomía estatal de Puebla al ordenar pesquisas
especiales y llegar al absurdo de también ordenar la intervención telefónicas de funcionarios poblanos para probar una acusación previamente
establecida. Así, el ministro Góngora impulsó la intervención telefónica y
convirtió a la Corte
en una vulgar Federal de Seguridad
de los tiempos de José Antonio Zorrilla Pérez.
Más que contra el gobernador poblano Mario
Marín Torres, el libro de los ministros fue una bofetada contra los demás ministros de la Corte que votaron por
considerar --siguiendo escrupulosamente la ley-- que no hubo “violación grave” de las garantías individuales. Así,
Góngora --promotor del libro Las
costumbres del poder-- se convirtió en un factor de ruptura de la institucionalidad de la Corte y sembró la semilla de
la discordia: ahora cualquier
ministro que pierda una votación interna podrá salvarse con libros que exhiban a los demás.
Los ministros de la Tremenda Corte
“Legítima” no plantearon en el libro
un análisis jurídico sino que más bien quisieron congraciarse con el respetable, aunque se trata de un mamotreto
casi 600 páginas. Lo grave es que el libro exalta
una de las violaciones constitucionales que avalaron algunos ministros: el uso de grabaciones ilegales que la Constitución señala sin valor probatorio. Góngora promovió
la orden de la Corte
para interceptar comunicaciones de
políticos poblanos, pero sin obtener
los resultados. Por eso la Corte
volvió a violar la Constitución para
inventar la cantinflesca tesis de
que grabaciones ilegales prohibidas por la Constitución fueran
tomadas legalmente como “hipótesis
derivadas de las grabaciones”, un argumento terrible para el derecho que
establece condiciones estrictas en materia legal y que viola de manera grave las garantías individuales.
El nacimiento de la tribu lopezobradorista disidente en la Corte rompió el carácter de
cuerpo colegiado. Lo grave es que los ministros disidentes utilizaron
informaciones confidenciales en su poder para fundamentar sus tesis. Y lo más grave es que los ministros
disidentes escribieron un libro para contradecir
un veredicto que por ley es constitucionalmente inatacable. Por tanto, los ministros Góngora, Cossío, Gudiño y
Silva cayeron en el delito de desacato
y debieran ser enjuiciados. Ahora cualquier decisión de la Corte podrá ser desautorizada con libros al margen de
las leyes.
Lo malo es que el espíritu de equidad que se desprende de la votación mayoritaria fue
desprestigiado por una minoría de
cuatro ministros. Un tercio de los once ministros publicó el libro para atacar el veredicto de la mayoría y en
los hechos pugnar por la reapertura del caso, lo que llevaría a violentar --uno
más-- el principio legal de que nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito. Pero cuatro ministros exhibieron a los siete ministros
restantes como cómplices de
supuestos violadores de garantías. Se trata, de nueva cuenta, de la aplicación autoritaria del criterio de que
solamente la minoría tiene la razón y los demás fueron incompetentes en la aplicación de la ley. Así, el libro no daña tanto al gobernador Marín como descalifica a los siete ministros
restantes.
En los hechos, los cuatro ministros
disidentes conformaron lo que pudiera conocerse como un escuadrón de la muerte política que analiza, juzga, pierde
votaciones pero desde su minoría aplica su
ley al condenar en un libro lo que no
pudieron probar en la
Corte. Sería una especie de Jueces Drudge de un comic estadunidense
en donde un policía aprehende, juzga, condena y es el verdugo. Como en las
dictaduras, en donde la ley que vale es la de las minorías.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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