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Jueves 26 de marzo 2009
+ Obama: el palo y la
zanahoria
+ Represión o Propuesta Oaxaca
Para Alejandro y Camila
Capdevielle González,
y a mi hermano Alejandro. De los cuatro
Al viejo estilo americano --desde Nixon a Bush--, el presidente Barack Obama le aplicó a México
el modelo del palo y la zanahoria. Luego de una ofensiva
oficial negativa contra el gobierno de Calderón, la Casa Blanca salió con
un Programa México basado en el intervencionismo.
Si se revisa la propuesta presentada por Janet Napolitano, ex gobernadora de Arizona y secretaria de
Seguridad Interna de los EU, la
Casa Blanca aumenta
la presencia de personal policiaco
y antidrogas en México y deja
abierta la amenaza de movilizar la
guardia nacional en la frontera con México.
Por tanto, el punto de partida del programa es el enfoque
tradicional de que el problema del narco es de México, no bilateral. Por ejemplo, Obama promete obstaculizar
el tráfico de armas de los EU a México, pero para nada toca el problema de origen: la facilidad de venta de armas dentro de los EU por la existencia de la Segunda Enmienda.
Y otra: el consumo de drogas que genera su propia demanda tiene la justificación de los derechos individuales.
En este contexto, el Programa México de la Casa Blanca se enfila
al fracaso. Mientras la Casa Blanca no tome la
decisión de modificar las leyes locales para prohibir venta de armas o reprimir
el consumo, la demanda de droga y su contexto criminal seguirá latente. En cambio, México debe
preguntarse qué van a hacer en
México 50 agentes de la
Patrulla Fronteriza --la Migra-- en el DF si su tarea es
vigilar la frontera. Y el aumento de agentes de la DEA en la frontera bilateral
será una carga adicional por su
estilo arbitrario, arrogante y poco profesional para investigar, además de que
la oficina antidrogas opera con el mecanismo de la infiltración.
México debió de haber impugnado el Programa en base a una definición mucho más viable, si
acaso se tratara de atacar directamente al narco:
manden dinero, no policías. En este
contexto cobra vigencia la que
podría denominarse la
Propuesta Oaxaca,
definida por el gobernador Ulises Ruiz: utilizar recursos de fondos judiciales
contra el narco para apoyar proyectos de inversión productiva en zonas dominadas por el narco. En Oaxaca se han experimentado dos líneas: el turismo ecológico y los invernaderos.
El mecanismo sería sencillo. Por ejemplo,
utilizar fondos ahora asignados a la construcción del muro --que no servirá de
nada-- para invertirlos en zonas de
producción y en ciudades fronterizas donde el narco
ha absorbido la demanda de empleo. Se trataría de cambiar la lógica productiva y de paso se ayudaría a disminuir la
migración al sentar bases de arraigo
de ciudadanos ahora condenados al desempleo. Se podrían utilizar, a decir del
gobernador Ruiz, fondos del Banco Mundial y el BID con el sentido de apoyar la inversión en zonas donde los
campesinos no tienen más ingreso que el narco. El
presidente Calderón bien podría sorprender
a Obama con una propuesta para desjudicializar
el asunto del narco y enfocarlo como un problema social.
Asimismo, México debería exigirle a los EU que le entraran a
cuando menos ocho problemas locales
que determinan el problema de la demanda de droga y los problemas criminales
adjuntos: bajar la venta de armas que hoy defiende la Asociación Nacional
del Rifle, atacar la corrupción oficial dentro
que permite el tráfico, penalizar el consumo de droga para dificultar el
comercio, atacar en serio el lavado
de dinero del narco en el sistema bancario estadunidense, desmembrar los cárteles de distribución de droga en las calles, atacar en serio el
transporte interestatal de droga,
impedir que la CIA
y la DEA usen la
droga como instrumento y convertir el tráfico de droga en un asunto local y no culpar a los demás de sus
propios conflictos.
El Programa México de Obama
fue preparado con la ofensiva de
ataques contra México, cuyo punto culminante fue la acusación del jefe militar
de que México es un Estado fallido. Arrinconado México, la Casa Blanca definió
una propuesta que tiende a judicializar el tráfico de droga sin ningún compromiso
local. Si se revista la Iniciativa Napolitano
se encontrarán medidas contra México,
invasoras de su soberanía y sin ningún
compromiso que acepte la corresponsabilidad de los EU en el tráfico de drogas.
México debería desempolvar la
afirmación del presidente Díaz Ordaz: si México es trampolín del narco, es que los EU son la alberca por el consumo y el aprovechamiento financiero de los
narcodólares.
Por lo demás, habría que evaluar el contexto político del
Programa México anunciado por Napolitano: su espacio de acción sería una
frontera dominada por la oposición
política: los estados fronterizos del sur de los EU están gobernados por
republicanos y los estados mexicanos fronterizos por el PRI, en tanto que Obama es demócrata y Calderón es panista.
El Programa, por tanto, tendrá efectos
políticos.
A pesar de la simpatía a su favor, Obama decidió el camino tradicional del viejo imperio que ve a sus vecinos como culpables y
evita cualquier reforma interna. Por eso el Programa México está condenado al fracaso, en tanto los EU
no decidan asumir la parte de culpa
que les corresponde en el narcotráfico.
www.indicadorpolitico.com.mx
carlosramirezh@hotmail.com
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