Miércoles 4 de marzo 2009


+ ¿Qué regresen los corruptos?

+ Regresen… lo que se llevaron

Con un abrazo tardío a Liébano Sáenz,

Y a la memoria de su padre

 

En un análisis simplista de la realidad, los estrategas priístas tienen el objetivo de repetir este año de 2009 el modelo político-electoral de 1994: en medio de asesinatos, alzamientos y secuestros, invocarse como garantes la paz para ganar las elecciones.

Con poco comedimiento y un gran sentido del humor negro, son los priístas quienes recitan, orgullosos, el lema del momento: “que se vayan los ineptos y que regresemos los corruptos”. Ésa sería la divisa del PRI para recuperar lo perdido.

Y entre el miedo a la descomposición social que los priístas sólo saben atender con autoritarismo y la corrupción como la factura inevitable de la gobernación, el PRI se prepara para ganar el congreso en el 2009 y de ahí recuperar la presidencia de la república en el 2012.

Abajo queda la sociedad. Si deveras es cierta la apreciación de que los mexicanos consideran prioritariamente la eficacia por encima de la corrupción y si deveras la sociedad ha decidido archivar los pasivos no resueltos del PRI de represión, corrupción, pobreza y crímenes, entonces se confirmaría la tesis de que el principal precandidato presidencial priísta ha escalado posiciones sólo por su relación sentimental con una actriz de moda, no por una propuesta de gobierno ni por una revaloración ideológica. Al final, los electores son tomados por el PRI nada más como lectores de TV y Novelas.

En este sentido, entonces los mexicanos se merecen el regreso del PRI al poder, con toda y su carga del pasado reciente. Porque entonces se confirmarían los datos de encuestas políticas sobre el desencanto de la democracia --una caída de 15 puntos porcentuales en un año, de 2007 a 2008-- y la percepción de que los mexicanos quieren eficacia y no democracia.

En este contexto va a celebrar el PRI sus primeros ochenta años de vida. Y en de la vida priísta cotidiana: recientemente se reeligió el secretario general de la CTM, Joaquín Gamboa Pascoe, en una fiesta en la que salió a relucir la riqueza y los negocios de los líderes sindicales del priísmo, mientras las bases trabajadoras, como siempre, cargando en sus hombros los vicios terrenales de sus dirigentes.

Lo que queda entonces es la certeza de que un  pueblo sin memoria está condenado a repetir sus errores. Porque con todo y su aureola de “buenos gobernantes”, los priístas han estado marcados por una crisis creciente y acumulativa:

Echeverría entregó el colapso devaluatorio después de veintidós años de estabilidad cambiaria, López Portillo terminó su sexenio con la severa crisis de 1982, De la Madrid condenó a los mexicanos a un sexenio de crecimiento cero con tal de imponer el liberalismo que produjo 50 millones de pobres y llevó al país a inflaciones de 160% anual, Salinas hundió al país en la globalización que hoy explica la crisis y dejó la marca sangrienta del 94 y el asesinato político de Luis Donaldo Colosio y Zedillo provocó una devaluación que empobreció al país y le hizo perder a los mexicanos veinte años de bienestar.

Si los mexicanos han olvidado estos hechos, entonces esos mexicanos tienen todo el derecho de votar por el regreso del PRI al poder. Porque lo gracioso del caso es que los priístas perdieron el poder cuando se vieron obligados a democratizar el voto y terminaron su largo ciclo de fraudes electorales para mantenerse en el gobierno. Y luego resultará que la democratización del voto llevará a los ciudadanos a regresarle el poder al mismo PRI de siempre, como se revela en la lista de candidatos distritales a diputados y la presunta lista de diputados plurinominales.

Si el PRI perdió la oportunidad para cambiar estilos y para relevar a su clase dirigente, la sociedad estaría a punto también de perder la oportunidad de modernizar la política. Ciertamente que a ello han contribuido los saldos negativos del sexenio de Fox --marcados por la frivolidad y sobre todo su obsesión por cederle el poder a su esposa Marta Sahagún--, las complicaciones del gobierno de Calderón para administrar la crisis y sobre todo la decisión panista de posponer la verdadera alternancia y optar por el entendimiento con el PRI para un cogobierno que ha beneficiado al PRI porque se han evitado cambios estructurales del Estado priísta.

Los motivos de celebración del PRI tienen base en la tendencia de las encuestas electorales para julio del 2009 y algunas muy adelantadas para las presidenciales del 2012. El viejo PRI tendría que regresar al poder por la incompetencia de gobierno del PAN y el fracaso de la izquierda por el fundamentalismo mesiánico y caudillista de López Obrador. Pero sobre todo por la decisión de la sociedad de votar por el regreso del PRI.

Sin embargo, al final de cuentas, los fracasos de las transiciones no se acreditan sólo a los partidos sino que tienen su parte fundamental en las sociedades que se han negado a cambiar. Y si la sociedad mexicana se ha negado a cambiar, entonces se merece el regreso del PRI al poder.

 

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