+ Reformas política de la gente
+ Primarias, no dedazos o pactos
Si la reforma
política es el único camino de salida de la crisis nacional, entonces el
presidente de la república y el Senado deberían de atender las propuestas
ciudadanas para reorganizar el sistema político y no reducir las posibilidades
sólo a las negociaciones entre las élites del poder.
En el fondo existe la
certeza de que la reforma política que se va a aprobar no será ni la del
presidente de la república ni la de las bancadas del PRI o del PRD, sino la que
puedan negociar entre los diferentes grupos. Así, se tratará de una
reforma política mostrenca, sin origen ni destino.
Por tanto, los
legisladores deberían no sólo en escuchar las propuestas de la
ciudadanía sino en incorporar algunas de ellas pero con la decisión de
conseguir una reforma política integral, no la que imponga el PRI con su
mayoría ni la que desea el presidente de la república.
De entre todas las
propuestas, una sería fundamental para completar el ejercicio libre del
voto: la selección de candidatos para evitar las componendas de los
dueños de los partidos o las trampas para imponer a un nominado en función de
intereses que no son los de los militantes ni de la comunidad. La
reforma política debiera de incluir el punto de las elecciones primarias
organizadas por el IFE.
Las primarias son un
mecanismo que le quita a los dirigentes de un partido y a sus grupos de
poder la decisión de imponer candidatos por razones ajenas a los
electores o a los militantes. Se trata de una forma de elección de candidatos
de un partido organizada por la autoridad electoral, en la que se
inscriben los candidatos que quieran y los votos son contados legalmente. De
esta manera, los grupos de interés en los partidos ya no podrían imponer
candidatos a capricho o vender candidaturas o excluir a militantes. Los
partidos regresarán a su función original: canal de participación
política con reglas democráticas, no comité secreto para designar candidatos
por intereses.
Las elecciones
primarias legalizadas y organizadas por el IFE terminarían con lo más nefasto
de la democracia priísta asimilada por los demás partidos: el dedazo, la
imposición, la exclusión de la militancia en competencia por cargos de elección
popular y la eliminación de la sociedad en la definición de los
candidatos.
El problema de
selección de candidatos es serio. Ahora mismo en Hidalgo, por ejemplo, la
señora Xóchitl Gálvez, sin militancia partidista ni política y reconocida por
su lenguaje de carpa, no quiere la votación abierta sino la encuesta. Ahí
es donde operaría bien el IFE en una elección primaría para que la designación
del candidato sea por elección y en urnas oficiales. Hidalgo podría ser
el argumento central para implementar las elecciones primarias. Si no,
al final el candidato de la alianza PAN-PRD sería impuesto por el mapache
Vicente Fox o por los mapaches de Guadarrama, sin intervención de
los militantes de los dos partidos.
Si deveras el
presidente Calderón y la bancada del PRI en el Senado quieren una reforma
política seria, entonces estarían obligados a incluir otras propuestas
ciudadanas definidas al calor de la decepción del proceso electoral de julio
del 2009:
1.- Terminar con el
modelo del spoteo porque irritó a los electores e impidió que
partidos y candidatos compitieran realmente por los votos. Las propuestas
partidistas y de candidatos no pueden darse por spots, y menos
controlados por el IFE.
2.- La recuperación
de la voz para ciudadanos y organizaciones, porque los partidos censuraron esa
voz y prohibieron que partidos y organizaciones promovieran sus ideas
electorales en medios electrónicos.
3.- Abrir en las
boletas electorales el espacio para contar el voto en blanco como una expresión
política de los electores. El voto en blanco es, al final, un voto. Pero
el temor de los partidos ha evitado que se contabilice.
4.- Una mayor fiscalización
a los partidos, reducción de sus gastos y mayor control a los recursos. Sobre
todo, porque se trata de recursos públicos, fiscales, de la ciudadanía. Hay
excesos y gastos ocultos en las finanzas partidistas.
5.- Establecimiento
de mecanismos legales para obligar a los candidatos y partidos a cumplir
con sus promesas de campaña. Y con ello, limitar las campañas que
prometen todo a sabiendas que carecen de mayoría para conseguirlos. Por
ejemplo, el Partido Verde engañó a los electores al prometer la pena de muerte
a sabiendas de que iba a ser imposible conseguirla por falta de mayoría.
Ahí es donde el IFE debe acotar la propaganda engañosa.
6.- Establecer la
exigencia de que los candidatos a gobernador debieran de acreditar mínimo tres
años de militancia en el partido y dos para diputados federales y locales y
alcaldes, para terminar con el nefasto trapecismo. En Durango el
candidato de la alianza PAN-PRD fue designado cuando aún era militante
priísta.
7.- Y restituir
el financiamiento público a las asociaciones políticas nacionales para estimular
la creación de más partidos, además de partidos regionales y estatales,
rompiendo con el oligopolio PAN, PRI y PRD.
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